Organizada por el Ayuntamiento de Malpartida de Cáceres y
realizada el 30 de diciembre de 2012. Participaron alrededor de 50 senderistas,
contándose con la presencia de dos jóvenes animadores culturales de la localidad
que hicieron gratísimo la ruta con su simpatía y sus explicaciones.
Nos dimos cita en la Plaza Mayor, concentrándonos los
senderistas “findeañeros” en la parte
más alta de la misma, al lado del Ayuntamiento, donde un modernista árbol de Navidad
nos recordaba las fiestas de que disfrutábamos.
Una de las maravillas que podemos encontrar en las
poblaciones extremeñas son las chimeneas que campean por los tejados. De hecho,
contamos en nuestra provincia con una preciosa ruta que lleva ese nombre, la de
“Las
Chimeneas”. Las hay de todas las formas, grandes y pequeñas, pero
siempre hermosas. Por eso me gusta mirar, tratando de encontrar alguna que se
salga de lo común. Pues bien, aquí, en la parte de arriba de la Plaza Mayor de Malpartida
de Cáceres, encontré una de ellas.

Tras unas indicaciones por parte de los animadores
socioculturales del Ayuntamiento, iniciamos la marcha dando la espalda a la
Plaza y, pasando por delante del Ayuntamiento y, tomando la Calle Parras, fuimos
a buscar la Plaza de la Nora a la que rodeamos para subir por la calle
Pajares para ir a buscar la salida del pueblo. Creo que podrían habernos
llevado al mismo lugar desde el Ayuntamiento por un camino más corto pero, la
verdad, es que la Plaza de la Nora merece la pena ser contemplada y creo que
acertaron con esta pequeña vuelta.
Tomamos a la derecha para, pasando por los parajes de la Fuente
Santa y Mataburras cruzando el camino que viene de Los Barruecos y va
al Polígono Industrial, adentrarnos a través de un paso canadiense en la zona
de El
Cuernillo y La Borla.
Pocos metros después del canadiense, a la derecha, veo un
magnífico pozo cuadrado, de granito. Es una pena que esté tan dejado, rodeado
de maleza. Me resulta un poco difícil de entender que el ayuntamiento de
Malpartida, tan cuidadoso con todo lo que tiene que ver con su patrimonio
cultural, no se encargue de cuidar estos otros detalles.
Enseguida llegamos a otro cruce de caminos. Tenemos delante
de nosotros el Regato de la Argamasa. Podríamos haber seguido de frente y
haberlo sorteado, por el camino, sin ninguna dificultad. Pero en el prado que
se extiende a nuestra derecha hay un precioso y elegante puente de madera que
ayuda a pasar el regato citado. Y, desde luego, no tiene comparación hacerlo
por este lado que por el camino, por lo que allá nos dirigimos todos, felices
como niños, a atravesar el puente.
La abundancia de lluvias hace que el regato lleve agua
abundante y que todo el entorno se encuentre de un verde subido.
Pocos metros más adelante nos encontramos el Arroyo
del Tocón que, sumando sus aguas a las del Arroyo del Naranjillo,
alimentan la Charca del Barrueco de Arriba.
El Arroyo del Tocón trae menos caudal
que el regato que hemos pasado anteriormente, por lo que no nos causa ningún
problema pasar al otro lado. No obstante, y como el camino está ahí mismo,
puede superarse el obstáculo pasando por un canadiense existente en el camino
para, justo a continuación, abandonar el camino que traemos tomando uno más
estrecho a la derecha que nos llevará a las charcas.
Después del giro a la derecha que hemos hecho, tras el paso
canadiense, en poco más de un kilómetro se nos cruzará el llamado Camino
(o Vereda)
de
Aldea del Cano que, de seguirlo, nos llevará primero a Valdesalor
y luego a la localidad que le da su nombre.
Hay que prestar mucha atención en este punto. Nuestro
objetivo es rebasar el camino citado para tomar otro que continúa en la misma
dirección que traíamos y se dirige a las Charcas. Para ello tenemos que girar a
la derecha unos pocos metros. Primero nos encontraremos (a la izquierda) un
camino más ancho, el Camino de Montánchez, que no hemos
de tomar y luego otro un poco más estrecho que es el correcto. Hay un modo
sencillo de distinguirlos: nada más empezar el camino que nos interesa se
juntan los arroyos del Tocón y el Naranjillo, conformando lo que
podríamos llamar “cola” de la Charca del Barrueco de Arriba.
El sitio es precioso y en cuanto te acercas un poco a la
Charca la vista es enormemente gratificante.
Avanzamos por una vereda estrecha existente en el lado
izquierdo de la Charca para, enseguida, encontrarnos con la Fuente
del Moro o del Nogalito.
El sendero nos lleva a recorrer toda la orilla de la Charca
del Barrueco de Arriba que, confieso, a mi me parece mucho más hermosa
que la del de Abajo.
Tras dar la vuelta al recodo que hace la charca, veremos a
nuestra derecha, y en lo alto, el molino del siglo XVI y en el mismo
lugar, pero a la izquierda del camino, la Fuente de los Burgaños.
El molino original era del siglo XVI y fue reconstruido en
el XVIII y, de nuevo, más recientemente. Merece la pena detenerse un tanto en
este lugar y subir a la corredera que pasa por lo alto y detrás del molino,
pues las vistas desde este lugar merecen la pena.
A escasos metros del molino, un puente nos invita a cruzarlo
en dirección izquierda para adentrarnos en una zona con más vegetación.
A través de este puentecillo se abandona el camino de
circunvalación a la Charca del Barrueco Arriba para acceder a la de
Abajo y al conjunto de rocas de diversas formas que hay en aquel
entorno, algunas bastante curiosas y sugerentes.
Una nueva fuente, la Fuente de la Serrana, sale a nuestro
encuentro y, enfrente de ella, otra roca de forma curiosa.
Y en apenas 200 metros más nos encontraremos en uno de los
lugares más emblemáticos de los Barruecos, ya que en el mismo sitio se
encuentran las Peñas del Tesoro, el VOAEX y el conjunto escultórico “El
hombre que tiene sed”, estas dos últimas, obras de Wolf Vostell.
Las Peñas del Tesoro son dos grandes
moles de granito, de buena altura, en cuya parte superior existen nidos de
cigüeñas. Deben su nombre a que entre ellas se encontraron unas pequeños
exvotos en forma de cabra, relacionados con el culto a la antigua Diosa
Ataecina, deidad del renacer, la fertilidad, la naturaleza, la luna, la
curación y el mundo subterráneo. Al parecer una de ella se conserva, aunque no
sé concretar en qué lugar y, si no recuerdo mal, me dijeron que la segunda, a
juego con la primera, había desaparecido(¿?)
Quizá la obra más conocida y llamativa de Vostell,
de las que están insertas entre las grandes piedras de los Barruecos, sea un
coche empotrado en un bloque de hormigón, la llamada VOAEX (Viaje
de (h) Ormigón por la Alta Extremadura), que representa una metáfora
contra la presencia de vehículos en espacios naturales.
Y justo enfrente del coche empotrado, y sobre una gran roca,
otra obra de Vostell, consistente en un cilindro de hormigón con platos en uno
de sus lados, situado sobre una gran peña y que tiene por nombre “El
muerto que tiene sed”.
Al respecto, he encontrado esta descripción: “En 1978, dentro de las actividades de la
primera SACOM (Semana de Arte Contemporáneo), durante el cuarto día, se lleva a
cabo la instalación de la escultura-ambiente de este ciclo “El muerto que tiene
sed”. Se trata de una obra que conecta directamente con los malpartideños, a
quienes Vostell animó a depositar su pensamientos dentro de la caja de plomo que
guarda la instalación pero, además, está basada en la confianza que Vostell
deposita en el progreso humano. a todos los niveles, al esperar que el hombre
futuro sea capaz de descifrar los pensamientos de sus antecesores. Una caja de
plomo cargada de energía y voluntades, que se encierra dentro de un contenedor
cuya tapa está sellada con el rastro de energías alimenticias que, en la
actualidad. sigue manteniendo vivo al hombre”
(Josefa Cortés Morillo: “Wolf Vostell,
Juan José Narbón y Extremadura”, en Norba-Arte, ISSN 0213-2214, VOL. XXV (2005)
/ 269-285)
Desde este punto continuamos por la derecha y detrás de las Peñas
del Tesoro. Aquí se han encontrado restos de lo que pudo ser un poblado
del neolítico. Debajo de unas rocas (no aporto fotografías, pues se me
pasó hacerlas) y cerrado el acceso con una verja, existen unas pinturas
rupestres que pueden verse con facilidad, ya que la oquedad donde se
encuentran no es profunda. Merece la pena visitarla.
El sendero puede seguirse fácilmente. Iremos describiendo
una amplia curva hacia la derecha para dirigirnos a otro sitio singular: la Peña
de la Seta y a otra que está junto a ella (desconozco su nombre) que
tiene un pasadizo en su interior, donde se encuentran algunos grabados
rupestres.
Nos dirigimos al aparcamiento existente en esta zona. Para
llegar al mismo hemos de pasar por la zona donde quedan restos del asentamiento
romano que, al parecer, existió aquí. Pueden observarse en el suelo
piedras de granito talladas, rectangulares, colocadas de forma equidistante
que, según nos indicaron, formaban los sillares de las esquinas de las casas.
Basta fijarse un poquito para comprobar que son muy abundantes.
Un poco más allá, delante de una gran mole granítica y
excavada en la parte superior de una roca de forma ovalada y de 1,70 mts. de
alto, aproximadamente, encontramos lo que es un ejemplo impresionante de tumba
antropomorfa. Una vez puesto el
cadáver dentro, la tumba solía taparse con otra gran lancha de piedra.
Detrás de la tumba pueden observarse en dos grandes piedras,
una sobre otra (la Peña de la Tortuga) y a ras de suelo, “cazoletas” que, según nos
indican, fueron hechas por los primitivos habitantes de esta zona. Se trata de
unos hoyos, no demasiado profundos, horadados en la piedra que me recuerdan los
“gua” que hacíamos de pequeños para jugar a las canicas, o “bolindres” como
decíamos nosotros.
Desde aquí vamos al aparcamiento que está al lado para
continuar, bordeando la Charca del Barrueco de Abajo, hacia
la cabecera de la misma, el Lavadero y el Museo.
La presa de la Charca tiene un vierteaguas escalonado para
hacer que la misma reduzca su fuerza cuando se desembalsa. Un corto cauce
conduce a un puente de granito y ladrillo por el que se salva el cauce para
pasar al antiguo edificio del Lavadero, hoy convertido en Museo Vostell al que,
dada la hora, no pude entrar, visita que dejo pendiente para otra ocasión.
Antes de ir al Centro de Interpretación merece la pena
detenerse, aunque sea brevemente, para ver la Fuente del Lavadero, situada al
pie de un gran roca que presenta un enorme hendidura.. Se encuentra en el
camino que hay justo delante del puente que acabamos de ver. De la misma apenas
si quedan restos del receptáculo de piedra que recogía el agua de la Fuente.
El Centro de Interpretación queda a
nuestra izquierda y ligeramente detrás y, al dirigirnos a él, vemos a nuestra
derecha la Charca el Molinillo, que prestaba servicio al molino harinero,
reconstruido a finales del siglo XVIII ubicado en el margen de la charca
El Centro de Interpretación, que es una
oficina informativa sobre el Complejo de los Barruecos. Bien
dotado de paneles y expositores que muestran el origen del Monumento Natural de los
Barruecos y con personal amable atendiendo al público. El Centro está
dotado de audiovisuales que permiten instruirse sobre diversos extremos de
interés.
Al salir del Centro iniciamos el regreso a Malpartida y
optamos, no por el camino que va hacia el Museo, sino por otro que va por la izquierda
y que nos lleva a pasar por delante del “Humedal
de la Cigüeña”, que queda a nuestra izquierda.
De un panel informativo existente junto al camino, tomo esta
descripción: Se trata de un complejo lagunar formado por dos charcas que se
presenta como un área ideal de cría y alimentación de numerosas especies,
debido a dos características esenciales: su escasa profundidad y la presencia
de “islas” formadas por afloramientos rocosos. Destaca la colonia artificial de
cigüeña blanca formando un “boque de nidos” que aprovecha la abundancia de
comida y la seguridad del emplazamiento para establecerse.
La construcción de charcas en los alrededores de Malpartida
de Cáceres tiene una larga tradición que aprovecha la propiedad de los suelos
graníticos de evitar la filtración del agua a capas profundas. De esta forma se
mantiene el nivel lo suficiente como para garantizar el abastecimiento durante
los periodos cíclicos de sequía característicos de nuestro clima. El mismo
origen tiene la profusión de pozos dentro del término municipal, tanto públicos
(en los alrededores y en el entramado urbano) como privados (en las huertas y
en cada uno de los patios de las viviendas).
Además, este complejo lagunar cumple otra función: la de
servir como decantación a las aguas residuales que provienen de la Estación
Depuradora de Malpartida de Cáceres. Aunque el nivel de depuración es más que
aceptable, esta nueva oportunidad de deposición de lodos garantiza un flujo
limpio de agua hacia el río Salor.
En el camino que discurre por nuestra derecha, paralelo al
que nosotros llevamos, veremos primero un puentecillo de madera y luego un paso
canadiense, por los que no pasamos.
Caminamos ya en dirección al pueblo por una carretera que
tiene acerado en el lado izquierdo, por el que circulamos. Es una pequeña
cuesta ascendente en la que veremos, enseguida, a nuestra izquierda, la última
de las muchas fuentes que hemos podido contemplar hoy: la Fuente de las Lavanderas,
notablemente restaurada.
Un poco más arriba de la fuente citada sale un camino por la
izquierda que, si lo deseamos, podemos tomar. Pasa por delante de la depuradora
de aguas de Malpartida, junto a la que se encuentra el Pozo del Corchao, cuyo
brocal está construido con piezas de ladrillo y mampostería, a diferencia del
resto de los pozos de Malpartida, que utilizan losas de granito.
Sus
aguas son denominadas “aguas canas”, por su aspecto
lechoso, debido a la disolución de sales. Son aguas muy apreciadas para poner
en remojo las legumbres. Este pozo era muy visitado en otros tiempos para sacar
agua para la elaboración del "cocido".
Tiene
una profundidad de 4,5 metros y un diámetro de 1,95.
Si preferimos seguir de frente, enseguida llegaremos a la Plaza
de Toros, que quedará a nuestra izquierda.
Me parece especialmente destacable reseñar que entre los dos
caminos a los que me acabo de referir (aquel en el que está la depuradora
y el pozo
y éste en el que está la Plaza de Toros), existe un altozano,
El
Corchao, en el que se asienta la Necrópolis de “El Corchao”, de la que un panel informativo nos
informa que el conjunto de tumbas de “El Corchao” presenta un total de 30 sepulturas excavadas en a roca que
sirvieron como depósito funerario, constituyendo a la vez ataúd y fosa.
Podemos distinguir varias tipologías en razón a su forma:
ovoides, rectangulares o antropomorfas entre otras. Generalmente se hallaban
cubiertas por una gran losa o bien por una acumulación de tierra y piedras
irregulares.
En los diferentes estudios que se han abordado de este tipo
de tumbas antropomorfas, a nivel regional o nacional, los arqueólogos no se
ponen de acuerdo en su datación, pues casi todas han llegado a nuestros días
expoliadas o han sido estudiadas de forma parcial.
Esta necrópolis de “El Corchao” se asocia a otro tipo de restos: una posible presa, una pileta,
una roca con 28 cazoletas, piedras con formas peculiares, como si hubieran sido
talladas o alineamientos de piedras que podrían constituir estructuras
arquitectónicas.
En los alrededores también se encuentran otras necrópolis de
características similares.
Al llegar a la carretera continuamos por la misma, lo que
nos hará llegar a la piscina municipal, en la que veremos por encima de sus
muros unas esculturas ubicadas en su interior alusivas a los hombres que, hace
miles de años, pudieron vivir por las zonas donde hemos estado esta mañana.
Y, tras pasar por la puerta de las piscinas, un estupendo
pozo redondo, de piedra y con una buena reja que lo cubre.
En pocos metros más volvemos a pasar por la Plaza de la Nora
desde la que nos dirigimos a la Plaza Mayor, dando por concluida la última ruta
del año 2012.