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De todos los volcanes existentes en Lanzarote,
el denominado Montaña Roja es el que se encuentra más al sur, a la mitad del
arco que describe la costa entre Punta Limones y Punta Pechiguera.
Playa Blanca se extiende a sus
pies y, excepto en algún lugar aislado y muy concreto, no existe casi lugar
alguno sin urbanizar.
Realicé esta pequeña ruta en la mañana
del 13 de noviembre de 2013. Magnífica temperatura y un cielo cubierto a ratos
que contribuyó a que el paseo fuera realmente placentero.
La subida al volcán Montaña
Roja es realmente cómoda pues el desnivel más fuerte está en torno al
10%, lo que lo hace accesible a personas de más edad, así como a niños.
Desde Playa Blanca se puede
llegar al punto de subida a través de la carretera del Faro de Pechiguera. En la
tercera rotonda se toma la calle Francia (a la derecha según se
va en dirección al Faro) y a la altura del Residencial Virginia Park estaremos en
el punto de partida.
El punto exacto para comenzar la
ascensión es sencillísimo de encontrar, pues unas antenas de telefonía nos
indican el lugar. Además, encontraremos alguna indicación que puede
orientarnos.
Según nos vamos acercando a las antenas
vamos, también, tomando algo de altura que nos permite comenzar a divisar Playa
Blanca desde una óptica más elevada.
Las antenas a que antes me refería
marcan el fin de las urbanizaciones y el comienzo del sendero, bien definido
que, poco a poco, nos llevará a cubrir el desnivel y a coronar los 196 metros
de altitud.
He de confesar que, acostumbrado a
otras latitudes y otros entornos, todo lo que veía me encantaba, la luz, el
sol, los picos que conforman el contorno del Monumento Natural de los Ajaches…
sencillamente me seducía. No sé cuántas veces paré, unas para hacer fotos y
otras sencillamente, para descansar la vista y el espíritu en la contemplación
de tanta belleza.
Desde el primer momento hemos de tener
cuidado con el firme que pisamos. Se trata de roca basáltica cubierta por
ceniza volcánica, por lo que el resbalón puede ser fácil. El sendero está
razonablemente limpio, pero la atención a nuestros pasos durante todo el
recorrido ha de ser constante.
Como en tantos otros lugares, también
aquí vamos a encontrar hitos en el camino: esas acumulaciones de piedras que
hacen los senderistas, unos con la idea clara del porqué y otros,
sencillamente, por agregar una piedra más al montoncito ya existente.
Cuando llevo recorridos 600 metros
desde las antenas llego a la boca del cráter, una pequeña explanada desde la
que podríamos dirigir la mirada hacia el paisaje que he venido contemplando
durante la ascensión.
Sin embargo la mirada se siente fuertemente
atraída por el cráter. Tiene una profundidad media de 50 metros, un diámetro de
unos 350 y una circunferencia (según mi recorrido) de algo más de 1,5 kms.
En su fondo se ve una zona muy concreta
con vegetación y el resto desprovisto de ella y, por todos lados, inscripciones
que los turistas han hecho utilizando las piedras existentes en la caldera.
Decidí comenzar la ascensión hasta el
punto geodésico por la izquierda donde enseguida (se ve ya desde que empiezas a
subir) me encontré un receptáculo de
obra, pintado de blanco, carente de puerta y coronado por una cruz. Está lleno
de piedras e ignoro el cometido para el que pudo ser construido. Comentando
sobre el mismo, mi hijo (residente en Playa Blanca) me comentó que él tenía
una foto metido en el cubículo. Lo que no logro entender es, dadas sus
dimensiones, cómo pudo caber ahí dentro.
La vista sobre Playa Blanca es
privilegiada y, al fondo de la llanura en que se asienta, el Monumento
Natural de los Ajaches, del que vemos una buena parte de sus picos.
El itinerario en torno al cráter tiene
una primera parte, hasta llegar al punto geodésico, cuya vista predominante es Playa
Blanca. El sendero está bien marcado por el paso de los turistas.
Generalmente de tierra y ceniza volcánica, rojiza por la oxidación. La lava
solidificada sirve de muro que proporciona seguridad frente a una eventual
caída, pero también de escalón sobre el que subirse para tomar mejores fotos.
Va quedando a nuestra vista la playa de
Montaña
Roja y Punta Pechiguera, con sus dos faros aunque, a primera vista,
solo distingamos el más grande y moderno.
También vemos sin dificultad, la Isla
del Lobo y el norte de Fuerteventura.
Desde donde estoy aprecio la gran
cantidad de escritos hechos con piedras (¿“pedradas” debería decirse, como “pintadas”
a las hechas con pintura?) en la vertiente norte del cráter. Son innumerables.
Dada la antigüedad de Montaña
Roja (en torno a 2.700 años) la roca volcánica que vamos encontrando a
nuestro paso, de un marcado color rojizo, como todo el volcán, está siendo
colonizada por algo de fauna y flora y especialmente por líquenes, que son una
mezcla de un hongo y una bacteria.
El camino serpentea ya en sus últimos
metros antes de llegar al punto geodésico, que marca lo más alto de la corona
del cráter. Ahí veo un grupo de alemanes que
subieron delante de mi pero que prefirieron recorrer la corona en
sentido contrario a como lo estoy haciendo yo; no se han detenido tanto como lo
he hecho yo y ya están arriba. Y también recorren sus últimos metros otras
personas que han venido todo el tiempo delante de mi.
En el punto geodésico los alemanes no
paran de hacerse fotos. Algunos reponen fuerzas, aunque las que hemos empleado
en subir tampoco han sido tantas. Una chica que parece ser su guía y habla un
perfecto español con claro acento alemán, se ofrece a compartir conmigo algo de
lo que llevan. Por aquello de la buena educación le acepto un higo paso, que me
sabe francamente bien.
Y ya que he hecho amistades, también le
pido a uno de ellos que me inmortalice con mi camiseta Prisiña, lo que hace con
gusto.
Desde aquí parece como si el fondo del
volcán fuera todavía más rojo.
Y las rocas de lava cordada, con sus
curiosas formas, me llaman poderosamente la atención.
A nuestros pies todo el llano en que
están las urbanizaciones Playa Vista, La Goleta, Pechiguera,
Faro
Park y Shangrila Park.
Me apresto para comenzar el descenso,
observando a lo lejos la urbanización abandonada “Atlante del Sol”, que
entra en mis proyectos visitar, pues tengo previsto recorrer todo aquel
litoral, bajando desde el Golfo hasta Playa Blanca.
En poco tiempo estoy justo al lado
contrario de la corona desde donde vi el cráter al subir. Ahora me resulta más
familiar y la visión desde este lado, desde donde no veo Playa Blanca, me recuerda
las historia que se cuentan de presencia de ovnis dentro del cráter, y de las
que se hace eco J.J. Benítez en su libro “Encuentro en Montaña Roja”.
Un sendero permite bajar cómodamente
hasta el cráter. Al bajar tengo la oportunidad de ver mayor abundancia de
lapilli de diverso tamaño que en el que se observa en la altura. Quizá se deba
a que el viento, dentro del cráter, mueve la tierra de un lado a otro sin poder
sacarla, mientras que por las laderas seguramente lo aleja haciendo que lo
veamos menos concentrado.
El interior del cráter está repleto de
“pedradas”, de esos mensajes escritos
con piedras: corazones, iniciales, algún símbolo pornográfico, etc… Es difícil
caminar sin tropezar con alguna de las piedras que conforman estos mensajes o
recuerdos; me esmero para evitarlo, consciente de que toda la gente que los
puso en su momento querría que se conservasen durante mucho tiempo.
Algunos de los símbolos están un tanto
desvaídos. Se nota que los pusieron hace muchos años. Pero ahí están. Y los hay
de todos los tamaños y colores. Incluso alguien se molestó en tomar ceniza
negra para distinguir su mensaje del resto.
Llama poderosamente mi atención un
túmulo de piedras, rodeado por un círculo de ellas, que se ubica en el centro
mismo del único espacio con vegetación existente en el cráter. Cuando me
acerco, observo que hay, incluso, una placa metálica conmemorativa atornillada
a una piedra bien cogida al suelo. Está dedicada a una mujer, “Barbara
Paton” y, debajo de su nombre, una frase en dos renglores: “The
question “why?” Will remain unanswered” que, más o menos, viene a
significar: “La pregunta “¿porqué?” sigue sin respuesta”.
Cuando redacté esta crónica (diciembre
de 2013), llegado a este punto escribí lo siguiente “He buscado en internet referencias a esta señora, por si podía dar
algún dato sobre la misma, pero no encuentro más que otras reproducciones
fotográficas de la placa (cuando estaba más nueva) o referencias a la misma,
pero no a la persona.”
Quince meses después, en marzo de 2015,
he recibido un email que me ha remitido Simon Lamrock, hijo de Barbara Paton, y
en el que me dice lo siguiente (lo pongo en el inglés original y traducido a
español):
Hello Teófilo,
My sister found your
Lanzarote blog post mentioning Barbara Paton on the internet. Thank you for
trying to find out about the person, a beautiful kind loving person.
Barbara was our Mother,
originally from Northern Ireland, but emigrated to retire in Playa Blanca
Lanzarote.
Sadly Mum was diagnosed with
an aggressive cancer and passed away in my sister and my arms here in London on
the 19th of July 2011 aged a mere 64 years old.
Mum lived at the foot of
Montaña Roja and loved her ‘red mountain’, in memory her three siblings, my
brother sister and myself with our partners and children built a cairn of
stones in the quiet at the top where we all spent family time.
Thank you for saying hello
to Mum, I’m sure she’s smiling and craicing a joke. I’ve attached a picture of
Mum, Barbara.
Kind regards,
Simon
Y en castellano:
Hola Teófilo. Mi hermana
encontró tu post sobre Lanzarote en tu blog que mencionaba a Barbara. Gracias
por intentar saber mas de esta persona, una preciosa, amable y querida persona.
Barbara era nuestra madre,
nacida en el norte de Irlanda pero emigrada a Playa Blanca tras su jubilación
Tristemente, mama fue
diagnosticada con un cáncer muy agresivo y murió en los brazos de mi hermana y
en los míos en Londres, el 19 de Julio de 2011 a la edad de tan solo 64 años
Mamá vivía a los pies de la
Montaña Roja y amaba esa "montaña roja"
En su memoria, sus tres
hijos, mi hermano, mi hermana y yo junto con nuestras parejas y nuestros hijos
construimos un hito de piedras en la tranquilidad de lo alto donde
todos pasamos tiempo en familia
Gracias por saludar a mamá,
estoy segura que ella estará sonriendo y preparando una broma. Te adjunto una
foto de mama, Bárbara.
Saludos cordiales,
Simon
La carta de Simon me agradó sobremanera
y consideré obligado hacerme eco de ella tanto en Wikiloc como en este blog si
me lo autorizaba, para lo que le pedí permiso:
Dear Simon,
It has been nice and moving
to read your lines about Barbara. Thank you very much for getting in touch with
me and sharing your story and memories with me. I can see she was a very
special member of your family and I feel very sorry for your loss.
I would like, if that is ok
for you, to share your words as well as the picture of your Mum in my blog as a
tribute to her.
Best wishes,
Teófilo.
Querido Simon,
Ha sido bonito y emocionante
leer sus palabras sobre Bárbara. Muchas gracias por ponerse en contacto conmigo
y compartir su historia y sus recuerdos conmigo. Veo que fue un miembro muy especial
en su familia y les acompaño en el sentimiento.
Me gustaría, si le parece
bien, poder compartir sus palabras, así como la foto de su madre en mi blog
como un homenaje a ella.
Con mis mejores deseos,
Teófilo
Como quiera que he sido expresamente
autorizado para hacerlo, publico esta correspondencia con el ánimo de que se
sepa quién fue Bárbara Paton y porqué ese monumento y esa placa están en el
cráter de Montaña Roja.
Y aquí la foto de Bárbara:
La presencia de una pareja de ingleses
me da la oportunidad de pedirles que me tomen una foto aquí, dentro del volcán.
En mi tierra no tengo la oportunidad de tener fotos ubicado en lugar semejante.
Con amabilidad acceden y aquí queda dicho testimonio, así como el de ellos,
cogidos de la mano, deambulando por el cráter.
Satisfecho con lo visto inicié el
camino de regreso tomando el sendero ascendente que me llevaría de nuevo a la
boca del cráter.
Al subir, veo un chico sentado en el
borde, leyendo y pensativo. Creo que ha elegido un buen lugar para realizar
ambas cosas.



















































