domingo, 10 de julio de 2016

Lanzarote: Caldera o Volcán del Cuervo (o de Las Lapas)


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Realizada el martes 19 de octubre de 2014, día magnífico y soleado, lo que es normal en Lanzarote.
Se trata de una ruta corta, muy fácil de realizar y absolutamente apropiada para hacerla en familia, incluso con niños, dada la absoluta ausencia de peligro en todo el recorrido.
El desnivel es anecdótico, pues ronda los 75 metros desde el punto más alto (aparcamiento) hasta el más bajo (dentro del cráter)



El punto de partida está en el aparcamiento existente en el punto kilométrico 4,5 de la carretera LZ-56.
Si hemos ido desde Masdache por la LZ-30, tendremos que haber tomado la LZ-56 que sale por la derecha a unos 2,5 kms. de dicha población.
Si vamos desde Uga, por la Geria, el desvío lo encontraremos a nuestra izquierda como a unos 5 o 6 kms.
También podemos venir por la propia LZ-56 desde Tinajo, Tajaste o Mancha Blanca. En este caso encontraremos el aparcamiento a nuestra derecha como a unos 3 kms. después de dejar Mancha Blanca.
No cabe posibilidad de pérdida pues a un lado de la carretera veremos la Caldera de los Cuervos con su inconfundible perfil y, al lado contrario, Montaña Negra y Montaña (o Caldera) Colorada




Antes de salir del aparcamiento en dirección al volcán vemos a lo lejos toda la línea de las Montañas del Fuego, ya dentro del Parque Nacional de Timanfaya, que nos llama la atención por su belleza.
Destaca sobre todos el Pico del Fuego (o Montaña de Timanfaya), que debe su nombre al intenso color rojo que lo adorna.
El cráter del volcán del Cuervo está situado entre el Parque Nacional de Timanfaya y la Geria.



Antes de iniciar el recorrido creo interesante comentar una anécdota: nos encontramos, exactamente, en el punto en el que comenzaron y, a la vez, terminaron, las erupciones volcánicas ocurridas a principios del siglo XVIII, cubriendo una tercera parte de la isla por los materiales piroplásticos y cenizas emitidos por los volcanes. Efectivamente, la primera erupción, ocurrida entre las 9 y las 10 de la noche del 1 de septiembre de 1730, generó lo que hoy conocemos como Caldera de los Cuervos, o Volcán del Cuervo, o Montaña de las Lapas, que es el objeto de nuestra visita. Las erupciones continuaron a lo largo de seis años y concluyeron a principios de 1736 (aunque hay autores que acreditan que fue en 1735, en las mismas fechas, pero un año antes) dando lugar a la aparición de Montaña o Caldera Colorada, a poco más de un kilómetro del aparcamiento. Cuentan las crónicas que la expulsión de lava, que amenazaba con cubrir la localidad de Tinajo, concluyó el 16 de abril de 1736 (1735 según otros autores) con el llamado “Milagro de Nuestra Señora de los Dolores”, que relataré cuando describa el recorrido de Montaña Negra y Montaña (o Caldera) Colorada.
Sí me interesa dejar constancia aquí de la singularidad del sitio, por representar “el alfa y omega” de las erupciones de aquellos años.
El que en el momento del comienzo de las erupciones era el cura de Yaiza, el sacerdote Andrés Lorenzo Curbelo Perdomo, escribió una interesante crónica sobre los hechos. Para quien le interese, toda la crónica va transcrita un poco más abajo.
En cuanto comenzamos a caminar observamos a nuestra derecha la Montaña de las Nueces (407 metros) y, detrás de ella y a su izquierda, la Montaña de los Rodeos (453). Más a la izquierda aún, la Caldera de la Rilla (414). Como las tres elevaciones quedan fuera de la zona protegida del Parque de Timanfaya, me propuse hacerlas en mi próxima visita a la zona. Y, efectivamente, así lo hice, ya que visité las tres mayo de 2015.


El primer panel informativo que encontramos es el que lleva por título “Los volcanes”, con una leyenda que nos dice que “el camino de la Caldera de los Cuervos es un itinerario circular de escasa dificultad, que permite realizar una cómoda visita al primer volcán creado durante la erupción de Timanfaya (1730-1736). Su cráter central entró en erupción el 1 de septiembre de 1730, dando comienzo a la erupción volcánica más importante ocurrida en la historia de Canarias, que cambiaría para siempre el paisaje de Lanzarote.
Caldera de los Cuervos es un ejemplo inmejorable del tipo de volcanes que podemos encontrar en el archipiélago: cráteres simples, de dimensiones relativamente reducidas que solo son capaces de entrar en erupción una sola vez dando lugar a construcciones de fragmentos de lava, muy espectaculares.
La Caldera de los Cuervos es parte importante del patrimonio geológico de la isla de Lanzarote. Para poder garantizar la preservación de este espacio, la visita debe realizarse siguiendo los caminos señalizados. Transitar fuera de ellos es una actividad actualmente prohibida y sancionable. La conservación del Patrimonio Geológico de Lanzarote es una responsabilidad de todos”.




El recorrido es sumamente sencillo, dominando nuestro horizonte más próximo la vista del cráter del Volcán, cuyo perfil nos hace entender sin complicaciones el porqué del nombre (Cuervo) que se le ha dado.


En pocos metros llegamos al segundo panel informativo, que nos explica qué es el “malpaís” indicándonos que: “son complejos campos de lava formados por diferentes coladas que se derraman desde sus cráteres, siguiendo siempre la dirección de la pendiente. En su lento discurrir, las distintas coladas pueden interferirse, entrelazándose unas con otras, dando como resultado un complejo mosaico de morfologías donde resulta especialmente difícil esclarecer los límites y el origen de cada una de las piezas de este complejo puzle.
Las coladas de lavas no mantienen siempre su misma capacidad para fluir. A medida que se alejan de los volcanes desde donde se emiten, las coladas van perdiendo poco a poco esta capacidad, enfriándose y volviéndose cada vez más densas. Cuando la parte superficial de las coladas se consolida, pierde su capacidad para deformarse y adaptarse al flujo del material incandescente que circula bajo ella. Es en estos momentos cuando esta costra superficial tiende a romperse, fragmentándose en múltiples pedazos que permiten el escape de los gases que se encuentran diluidos en su interior y que facilitan su capacidad de movimiento. Como resultado se produce la formación de fragmentos superficiales escoriáceos que dan al conjunto de estas coladas de lava un aspecto ruinoso.
En conjunto presentan superficies externas caóticas formadas por fragmentos irregulares sueltos.  Estas escorias tienen una morfología áspera, espinosa, con gran cantidad de agujerillos internos a modo de burbujas irregulares que aparecen en muchas ocasiones alargadas en la dirección del flujo de la colada.”


Apenas 200 metros de un recorrido que no puede ser más cómodo, nos separan de la base del volcán. El sendero se desvía ligeramente a nuestra izquierda para describir una curva que evita las formaciones volcánicas.
Sin dejar de pisar ceniza llegamos al siguiente panel informativo. Cuando estuvimos nosotros había dos paneles. Uno informaba sobre la inversión superior a 100.000 euros que se estaba haciendo para restaurar el hábitat en torno a la caldera y un segundo que informaba sobre el uso y conservación del patrimonio geológico.




El segundo de los paneles nos informa de lo siguiente: “Durante años, la Caldera de los Cuervos, el primer volcán surgido de la erupción de Timanfaya (1730-1736), la más importante ocurrida en tiempo histórico en Canarias, ha sido objeto de usos inadecuados. La extracción de piroclastos para la agricultura y la construcción, el expolio de bombas volcánicas y olivinas para su venta ilegal como souvenirs y el acceso inadecuado al volcán utilizando numerosas veredas ilegales que erosionaban con gran rapidez sus laderas, son ejemplos claros de un mal uso del patrimonio geológico de Lanzarote. Actualmente, estas actividades se encuentran prohibidas y son sancionables. Para garantizar el correcto uso de este espacio y el disfrute de todos aquellos que se cercan a este volcán para conocer de primera mano uno de los lugares más singulares de la isla, se ha habilitado un sendero circular en la base del volcán, que permite realizar una visita “cercana”, segura y sostenible a la Caldera de los Cuervos. La habilitación de este camino para su disfrute forma parte de una serie de actuaciones de recuperación paisajística que se han desarrollado en las laderas y en el interior de este edificio volcánico para tratar de restaurar parte de los valores asociados al mismo.”
De hecho, podemos contemplar uno de esos senderos ilegales a que alude el panel, que asciende de izquierda a derecha por la falda del cráter y en el que, a pesar de estar perfectamente marcada la prohibición de acceso, se observan marcas de pisadas recientes.


A partir de este punto podemos hacer el recorrido por cualquiera de ambos lados. Lo suyo, lo lógico, es iniciar el recorrido por la derecha, lo que nos permitirá el acceso inmediatamente al interior de la caldera.
Cuando llevamos recorridos unos 200 metros, encontramos un panel que nos informa sobre la estructura del cono volcánico que visitamos, compuesto por spatter y lapilli.
El spatter son fragmentos de lava que son proyectados al aire a partir de explosiones de baja intensidad, lo que favorece que se acumulen en torno al cráter. En muchas ocasiones se encuentran calientes en el momento de caer al suelo, por lo que pueden volver a soldarse e incluso dar lugar a pequeños flujos de lava, lo que permite la formación de laderas altas, generalmente de pendientes muy pronunciados que otorgan al volcán un perfil esbelto. En la Caldera de los Cuervos estas acumulaciones de spatter son especialmente visibles en la parte superior del volcán, rematando a modo de corona su cima.


En apenas cien metros más de recorrido llegamos al lugar donde se encuentra el acceso a la caldera.




Justo donde se encuentra el sendero por el que se accede al interior del volcán, pero a nuestra derecha, existe otro panel informativo que da cuenta que Montaña Colorada, que nos queda justo enfrente, fue el último de los conos volcánicos aparecidos en la erupción de 1730-1736. Debe su nombre al intenso color que, especialmente por su lado este, tienen los lapilli y fragmentos lávicos de que está formado.
Entre nosotros y Montaña Colorada, un amplio mar de lavas.


También delante de nosotros, a nuestra izquierda y como a unos 150 metros, en medio del mar de lavas, sobresale un enorme bloque de piedra que destaca sobre todo el resto. Este bloque formó parte de los muros que cerraban el cráter de la  Caldera de los Cuervos. Su rotura y separación del resto de la pared del cráter facilitó la salida de las lavas desde su interior, dando lugar a uno de los episodios más singulares de este fase inicial de la erupción de Timanfaya.
Eduardo Hernández Pacheco, en su libro “Por los campos de lava” (editado en 1907, página 88), describe el lugar exacto en que me encuentro del siguiente modo: “… sale por el gigantesco portillo, por el cual penetramos, un torrente solidificado de revueltas, erizadas y ásperas lavas que han arrastrado el colosal trozo de pared crateriana que tapaba el portillo y lo han varado en la posición que primitivamente tendrían, a unos 150 m. del sitio que ocupaba”.


A la caldera se accede por una amplia abertura en el cráter que, enseguida, comienza a descender hacia el fondo. En el acceso, otro panel nos informa que esta Caldera tiene un único cráter en su parte central. Durante la erupción tuvo en su interior una charca de lava de importantes dimensiones que alcanzó diversos niveles en función de la cantidad de material volcánico.



Se trata de un volcán de dimensiones más bien reducidas si tomamos como referencia comparativa el tamaño medio de los volcanes de la isla, pero sin embargo la caldera o cráter es proporcionalmente grande y de paredes arriscadas, hallándose su fondo a más de 35 m por debajo del terreno exterior en que se asienta el volcán.
Como ya he indicado, la ruptura de la ladera por la que se accede al interior dio lugar al desalojo repentino de gran cantidad de lavas que se derramaron sobre la planicie, arrastrando con ella el enorme bloque de piedra al que también he hecho referencia y dejado constancia gráfica.
La parte norte de la pared crateriana es algo más baja que el resto, presentando por dicho lado la abertura a modo de portillo por el que ahora accedemos y por el que años atrás entraban los camiones para extraer picón o lapilli del fondo con el que enarenar los campos de cultivo.
Las paredes interiores se encuentran matizadas por acumulaciones de sedimentos que cubren parcialmente las rocas de los muros que cierran el cráter. En ellas son visibles fracturas, a modo de pequeñas fallas, resultado del asentamiento de los materiales con los que se forma el volcán.
También son visibles en el interior numerosos bloques, grandes rocas desprendidas desde sus paredes por efecto de la gravedad, que se acumulan al pie de las paredes del cráter, contrastando con las formas llanas del fondo.







Como ya he indicado más arriba, fue a este volcán al que le cupo el honor histórico de inaugurar las erupciones de siglo XVIII sembrando el pánico entre los habitantes de la aldea de Chimanfaya la noche del 1 de septiembre de 1730. Se halla situado a menos de 3 Km al NO del pueblo de Conil, y ha adquirido en años recientes cierta notoriedad por haberse celebrado en el interior de su cráter algunas sesiones de la llamada música visual, con gran protesta, por cierto, por parte de grupos ecologistas.
Que este volcán de La Caldera de los Cuervos fue el primero de cuantos entonces se abrieron ya lo advirtió además el geólogo alemán Leopold von Buch, pues así lo manifiesta en el siguiente pasaje de su trabajo “Physicalische Beschreibung der Canarischen Inseln”, escrito con los datos que recogió durante su visita a Lanzarote en 1815:
Esta primera erupción ocurrió al E de la Montaña del Fuego, a medio camino aproximadamente entre esta montaña y la del Sobaco”. A lo que añade más adelante: “Era evidente que la lava había salido de una sola boca, que podría estar situada aproximadamente entre Tinguatón y Tegoyo”.
Estas declaraciones apuntan claramente hacia la situación de La Caldera de los Cuervos, ya que ésta se encuentra poco desviada del punto de intersección de las coordenadas trazadas entre los lugares referidos, cumpliéndose con bastante aproximación la condición expresada en el primer párrafo de hallarse a media distancia de las dos montañas que en él se citan, las del Fuego y la del Sobaco -hoy llamada de Juan Bello- dándose además la favorable condición de no haber ningún otro volcán de esa época en torno a ese punto en un área bastante amplia aparte de los de Las Nueces y Montaña Colorada, sobre cuya fecha de erupción hay seguridad plena de haberse producido años más tarde.
En qué pudo basarse von Buch para alcanzar estas conclusiones no lo sé, pero hay que tener en cuenta que cuando él visitó la isla, en 1815, sólo habían transcurrido ochenta y cinco años de la formación de este volcán, ya que eso ocurrió, como es sabido, en 1730, por lo que no es nada descabellado pensar que pudo conocer gente que, aunque muy niños entonces, debieron conocer a su vez y tratar a fondo a personas adultas coetáneas con las erupciones sabedoras de cuál fue el primer volcán y dónde se encontraba la aldea contigua de Chimanfaya que destruyó dada la notoriedad que el suceso debió alcanzar en la isla. Esto aparte de que pudo hallar algún documento que lo indicara.
Se ha hecho muy famosa la crónica que escribió el cura de Yaiza, Andrés Lorenzo Curbelo Perdomo, describiendo las erupciones que tuvieron lugar en Lanzarote en la década de los años treinta del siglo XVIII.
La realidad es que hasta nosotros ha llegado una traducción, pues el original de la crónica está desaparecido. Parece ser que dicho original lo encontró el geólogo alemán Leopold von Buch, que insertó un extracto del mismo en su libro “Physicalische Beschreibung der Canarischen Inseln”, publicado en Berlín en 1825.
Dicha versión del texto en alemán fue traducida luego al francés por el ingeniero de Minas, C. Boulanger, y de esa versión francesa realizó la suya al español el geólogo Eduardo Hernández Pacheco (nacido en Madrid pero criado en Alcuéscar (Cáceres) y muerto en la misma localidad en 1965 después de una larga vida de investigación y docencia por media España).
Hernández Pacheco incluyó su traducción al español en su obra “Estudio geológico de Lanzarote y de las isletas canarias”, publicado en 1909.
El investigador lanzaroteño Agustín Pallarés Padilla, que tiene publicados muy interesantes artículos en relación con los volcanes, ha realizado un estudio pormenorizado del texto del cura de Yaiza y como no quiso utilizar la traducción española, que venía del francés y que procedía del alemán, encargó a un amigo suyo austríaco (Juan Jorge Herhart)  una traducción directa del alemán al español, que es la misma que copio a continuación.

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“El 1 de septiembre de 1730, entre 9 y 10 de la noche, se abrió de pronto la tierra a dos leguas de Yaiza, cerca de Chimanfaya. Desde la primera noche se formó una montaña de considerable altura, de la que salieron llamas que estuvieron ardiendo durante diecinueve días seguidos.
Pocos días después se abrió una nueva sima y una arrolladora corriente de lava se precipitó sobre Chimanfaya, sobre Rodeo y sobre una parte de Mancha Blanca. La lava corrió sobre los pueblos hacia el N, primero rápida como el agua, pero después con más dificultad, despacio como la miel.
Pero el 17 de septiembre se levantó con un ruido atronador una gran roca surgida de las profundidades de la tierra que obligó a la corriente de lava a dirigirse hacia el NO y ONO en lugar de seguir hacia el N.
La lava alcanzó entonces con mayor velocidad los pueblos de Jarretas y Santa Catalina, situados en el valle, a los que destruyó.
El 11 de septiembre se renovó la fuerza de la corriente de lava. De Santa Catalina cayó sobre Maso, quemó y cubrió totalmente la aldea y se precipitó luego como una catarata de fuego en el mar con un ruido horrible durante ocho días seguidos. Los peces flotaban muertos en cantidad indescriptible sobre la superficie de las aguas o eran arrojados a la orilla moribundos. Luego todo se calmó y la destructiva erupción pareció haber terminado.
Pero el 18 de octubre se formaron tres nuevas aberturas inmediatamente sobre la calcinada Santa Catalina que arrojaron densas nubes de humo, las cuales se expandieron por toda la isla. Con ellas se esparció por los alrededores una increíble cantidad de lapilli, arena y cenizas, cayendo por todas partes gruesas gotas de agua como si lloviera.
Los truenos y trepidaciones de esta erupción y la oscuridad producida por las cenizas y el humo hicieron huir más de una vez a los aterrorizados habitantes de Yaisa y comarca circundante, pero terminaban por regresar,  ya que las explosiones que se producían no parecían ir acompañadas de otros daños.
El 28 de octubre, después de haberse mantenido la actividad volcánica en igual estado durante diez días, cayó muerto el ganado en toda la comarca asfixiado por las emanaciones pestilentes que caían en forma de gotas. El 30 de octubre todo se calmó. Esta erupción no parece haber ido acompañada por emisión de lava alguna.
Pero sólo dos días después, el 1 de noviembre, brotaron de nuevo humo y cenizas, continuando así sin interrupción hasta el 20. Esta vez apareció lava de nuevo, pero sin causar mucho daño, pues todo en los alrededores estaba ya asolado, calcinado y cubierto.

El 27 fluyó una colada pendiente abajo con increíble velocidad, alcanzó el mar el 1 de diciembre y formó una isleta en medio de las aguas, alrededor de la cual yacían muertos los peces.
El 16 de diciembre la lava, que hasta entonces se había vertido en el mar, cambió de curso. Dirigiéndose más hacia el SO alcanzó a Chupadero y quemó el 17 todo el lugar, devastando a continuación la fértil Vega de Uga, sin extenderse más allá.
El 10 de enero se formó una alta montaña que se hundió de nuevo el mismo día con increíble estrépito en su propio cráter, cubriendo toda la isla con piedras y cenizas. Torrentes de ardiente lava se vertieron de nuevo sobre el malpaís hasta llegar al mar. El 27 de enero se acabó esta erupción.
El 3 de febrero se elevó un nuevo cono. Rodeo fue quemado, alcanzando la lava el mar en la comarca de este pueblo, continuando corriendo sin cesar hasta el 28 del mismo mes.
El 7 de marzo se levantó otro cono que vertió lava en el mar al N de Tingafa, la cual fue destruida.
Nuevos cráteres y montañas surgieron el 20 de marzo a media legua hacia el N, que quemaron y destruyeron hasta el 31 de marzo.
El 6 de abril incrementaron su violencia y vertieron el 13 una corriente de lava que discurrió diagonalmente en dirección a Yaisa. El 23 ambas montañas se derrumbaron conjuntamente con horribles estallidos, y el 1 de mayo todo parecía haberse extinguido.
Pero el 2 de mayo volvió a reventar un cuarto de legua más lejos; una nueva montaña se elevó y otra corriente de lava amenazó a Yaisa.
El 6 de mayo cesaron completamente estas manifestaciones volcánicas, pareciendo que la gran erupción de este mes había llegado a su término. Sin embargo, el 4 de junio se abrieron tres bocas a la vez, siempre con las mismas sacudidas, crujidos y llamas, que aterrorizaron a toda la isla. Esto se produjo una vez más en las cercanías de Tingafaya, aproximadamente donde está ahora la Montaña del Fuego. Las aberturas se reunieron muy pronto en un solo cono muy alto, de debajo del cual salió una corriente de lava que llegó hasta el mar.
El 18 de junio se formó un nuevo cono en medio de los que se levantaban entre las ruinas de Mazo, Santa Catalina y Tingafaya, probablemente la misma montaña que aún llaman el Vulcan, de la que fluyó la colada hacia el NE. Un cráter lateral arrojó cenizas y relámpagos en cantidad, y de otro que estaba sobre Mazo ascendía mientras tanto un vapor blanco que hasta entonces no había sido observado. Al mismo tiempo, a finales de junio de 1731, se cubrieron las riberas del mar de la parte occidental de la isla con una increíble cantidad de peces moribundos de las más diversas clases, algunos de formas nunca vistas hasta entonces.
Hacia el NO de Yaisa se veía salir del mar mucho humo y llamas acompañadas de tremendas detonaciones, y por todo el mar de Rubicón, es decir, por la costa O, se observaba lo mismo, flotando alrededor los peces y las piedras pómez.
En octubre y en noviembre unas erupciones no menos violentas llenaron de angustia a los habitantes de la isla. La situación del nuevo cono no está, sin embargo, claramente determinada.
El 25 de diciembre de 1731 se sintió uno de los temblores de tierra más fuertes de los dos turbulentos años transcurridos, arrojando el 28 de diciembre el cono que se había levantado una corriente de lava hacia Jarretas que quemó la aldea y destruyó la capilla de San Juan Bautista, cerca de Yaisa.
Entonces perdió la gente toda esperanza de que la isla pudiera recuperar de nuevo la calma y huyeron con su párroco hacia Gran Canaria. De hecho los temblores de tierra duraron aún sin interrupción cinco años más completos, y no fue antes del 16 de abril de 1736 que se acabaron definitivamente las erupciones.”

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Deleitados con la visita al interior de la caldera, regresamos sobre nuestros pasos para volver a salir al exterior. Es entonces cuando nos damos cuenta del desnivel existente desde el exterior y de la inmensa cantidad de lava que debió contenerse en el lago al que antes aludíamos.


Al salir de cráter giramos a la izquierda para continuar el recorrido en torno al Volcán. Es junto aquí donde algunos (a pesar de estar prohibido) ascienden para ver el interior del cráter desde arriba. Yo respeté la prohibición y así recomiendo que se haga.
Cuatrocientos metros después de haber salido del cráter y siguiendo el sendero marcado, encontramos otro panel informativo sobre los volcanes de Timanfaya. En el mismo se los llama la atención sobre la inmensa extensión de mar de lavas que tenemos delante de la vista, así como sobre el horizonte lleno de conos y cráteres entre los que no destaca ninguno por su dimensión. Todos ellos siguen una orientación rumbo NNE-SSO, sobre la que se distribuyó la actividad volcánica.



El Volcán se alarga por esta zona. Son los lapilli que volaron en su día en dirección Este que han hecho que el lomo tenga esta forma alargada. Calculo que la longitud, en línea recta y de una a otra parte puede estar entre los 800 metros a un kilómetro.


Hasta el siguiente panel informativo tenemos otros 500 metros de recorrido que nos sitúan ya justo al otro lado del punto en que accedimos a la base del Volcán.
Este panel hace referencia a los Valles Interiores. Desde esta posición y mirando en dirección SE, hacia Yaiza, nos quedan a la vista toda una serie de interesantes elementos orográficos que espero poder subir en otro momento: Montaña Peña Palomas, el más cercano y un poco más allá y de izquierda a derecha, Caldera Gaida y Montaña Guardilama y más lejos aún y hacia la derecha, Montaña Tinasoria, el Valle de La Geria y Montaña Diama cuyo amplio cráter con dos puntos de distinta altura tiende a confundirnos haciéndonos creer que se trata de dos elevaciones distintas.


En el valle cercano a nosotros podemos contemplar también algunas construcciones pertenecientes a pequeñas explotaciones agrícolas de la zona.



Continuamos circunvalando la base del Volcán del Cuervo y tras recorrer otros 400 metros llegamos al punto más al sureste del mismo, donde un nuevo panel indicador nos informa sobre las formas que pueden adquirir los volcanes.
Éste, el del Cuervo, es una formación alargada, de unos 700 metros de longitud y visto desde donde estamos se le aprecian dos lomas. La de la derecha es la corona del volcán y la de la izquierda es una montaña que se formó al arrastrar el viento el lapilli, fragmento de lava pequeñísimos y muy porosos con muy poco peso y que, por tanto, pueden ser desplazados con suma facilidad.
En las tres fotos del Volcán del Cuervo que pongo a continuación, la primera está tomada por mi desde el punto en que se encuentra el panel informativo y las otras dos están tomadas de Google Earth. De estas dos últimas la primea es aérea, apreciándose la formación volcánica en su integridad y la segunda sería la misma vista que la primera, pero desde mayor distancia.




Iniciamos ya el regreso hacia el punto de partida aunque, antes de llegar allí, a unos 400 metros del punto anterior, encontramos otro panel informativo titulado “Mar de Lavas” en el que se nos indica que dicho término resulta especialmente alegórico a la hora de hacer referencia al conjunto de las coladas de lava que se vertieron sobre la superficie de Lanzarote a partir de los distintos volcanes históricos de la Isla. Al igual que en el caso de un océano, señala, este Mar de piedra transmite la misma sensación de inmensidad. Sus formas onduladas simulan olas que se pierden en el horizonte, dibujando una clara línea negra que contrasta con el cielo luminoso de la isla. Viejos volcanes y algunas lomas perviven sobresaliendo del manto lávico, matizando de colores el paisaje. Percepciones similares son descritas por diferentes autores que han visitado el corazón de Lanzarote a lo largo de la historia.


Al regresar al aparcamiento, queda nuevamente ante nuestros ojos Montaña Colorada y, a su izquierda y más al fondo, Montaña Ortiz y si la primera ya la subí, tengo pendiente, entre otras, la segunda.



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