domingo, 16 de abril de 2017

General Ezponda 3: sucesión de comercios


El local de General Ezponda 3a, que hace esquina con la Calle de la Cruz-Ríos Verdes, siempre ha resultado un local atractivo para los comerciantes. Seguramente por contar con doble entrada y escaparate. Sus entrañas han conocido de todo y cosas bien dispares, desde vinos hasta joyas.

He de advertir que en “General Ezponda 3” han habido, simultáneamente, hasta tres tipos de negocios distintos en la planta baja. En mis archivos los tengo catalogados con tres ubicaciones distintas: 3a, 3b y 3c. En esta entrada voy a hablar del número 3a el que, como he dicho, hace esquina con de la Cruz.

Hasta donde yo tengo noticias, primero fue el almacén de tejidos de Juan Antonio González allá por 1880.

Un poco más tarde la fábrica de gaseosas y tienda de ultramarinos de Fernández Hermanos a finales del XIX y primeros años del siglo XX. Los mismos tenían una dedicación especial al tema de cafés y chocolates y pusieron a su negocio el nombre comercial de LA LONJA con el que se publicitaban en esa especialidad.



A principios del XX se instaló allí Honorio Jiménez Calado (cuñado del investigador cacereño Tomás Martín Gil), con su almacén de vinos y bebidas, continuando también con el negocio de chocolates de los anteriores dueños, por lo que al principio se anunciaba como “Sucesor de Fernández Hermanos”. Honorio también tenía al principio de la calle San Pedro una tienda de ultramarinos muy famosa a la que también le puso el nombre de “La Lonja”.

De la ubicación de Honorio Jiménez en este local de General Ezponda tenemos un precioso testimonio gráfico: la foto de una mujer con zancos subiendo hacia la Plaza Mayor y que era el anuncio de una actuación circense que hubo en la ciudad. A la izquierda de la foto se ve el local con toldo en la planta baja y el anuncio en la pared de la planta superior.

Honorio utilizó con frecuencia los anuncios en prensa, como puede comprobarse hojeando la de la época. En “El Fomento” de 4 de mayo de 1905 se publicaba este anuncio: “La Lonja”. General Ezponda 3. Ultramarinos y Coloniales. Depósito de chocolates LA LONJA, vinos finos para mesa “Rioja Alta” y “Valdepeñas”.— Ricos cafés Moka, Caracolillo y Puerto Rico, crudos y tostados.— Jerez, Champagne y Cognac de las marcas más acreditadas.— Conservas de todas clases.

Y unos años más tarde, y respecto al local de San Pedro, la “Guía Artística Mercantil e Industrial de Cáceres” publicada el 1 de septiembre de 1912, publicaba un anuncio con este texto: La Lonja. San Pedro 4 y 6.— Comestibles finos. Depósito exclusivo de los ricos chocolates marca La Lonja y de los vinos amontillados “María Teresa”, y del fino de González Byas marca “Dora”.

Seguramente no muchos sepan que Honorio Jiménez compró la casa nro. 19 de la calle Pintores, donde había estado durante muchos años la Papelería El Alcoyano, propiedad primero de Eugenio García Semper y luego de su viuda.


Tras derribar la casa citada, construyó allí la suya poniendo en sus bajos, solo durante un brevísimo periodo, otra sucursal de su propio negocio.




Allí mismo se instaló poco después la relojería de Jorge Capdevielle Rino, que permanecería en el lugar bastantes años, hasta bien entrados los 60 o muy a principios de los 70 y, más tarde, la joyería  de Rafael Barriuso que había estado primero en la calle Paneras, esquina a calle de la Cruz y desde allí se vino a Pintores.

Aquí, en una foto de 1954, la Joyería Barriuso en Paneras. En el centro de la foto vemos a un jovencísimo Rafael Barriuso Vicente (hijo del fundador, Rafael Barriuso Arias). A la izquierda Francisco Suárez Trenado y a la derecha Juan Medina López.


A Honorio Jiménez le sucedió, con el mismo negocio, y durante unos años Miguel Pacheco Simón, que cambió los vinos por ultramarinos e introdujo también la venta de calzados. Este Miguel Pacheco, por estas mismas fechas de principios del siglo XX, abrió otro pequeño negocio dedicado exclusivamente a calzado en la calle Andrada 4 (también conocido por La Machacona) en el que le sucedieron su hijo Luis y su nieto Eduardo. En este anuncio lo vemos anunciado con las dos ubicaciones (Ezponda y Andrada) aunque la imprenta equivocó la primera de las calles y en lugar de “General Ezponda” coló un “General Esponceda”.


Muy poco después el negocio giraba a nombre de la Viuda de Juan Pacheco, de quien no tengo noticia alguna. Quizá el tal Juan fuera un hermano de Miguel. Como quiera que fuese, este negocio de los Pacheco en General Ezponda no se prolongó más allá de 1917.


Es en el local de la calle Andrada 4 donde se ubicó Miguel Pacheco primero y sus hijo y nieto después, donde todos los que tenemos más de 40 años pudimos conocer la zapatería de José Millo Méndez, casado con una hija del que fuera alcalde de Cáceres Antonio Canales, que se instaló en el local en los años 60 y se mantuvo allí hasta principios de los 90.


A Miguel Pacheco y a la Viuda de Juan Pacheco les sucedió en el local Victoriano García Liberal cuyo hermano Manuel, farmacéutico, tenía su negocio de farmacia y droguería justo en el portal de por cima de la misma Ezponda. Ambos se habían iniciado en el comercio que el padre de ambos, Manuel García García, tenía al principio de Pintores, justo donde ahora se encuentra una croissantería. Allí continuó, después del padre, Enrique, otro hermano comerciante.

Manuel García García había establecido su comercio en Pintores en torno a 1885 y en cuanto sus hijos Victoriano y  Enrique crecieron le acompañaron en sus actividades comerciales, lo mismo que su mujer, Amalia Liberal. El otro hijo, Manuel, estudió la carrera de Farmacia.

Este comercio de Pintores permaneció bajo la titularidad de Manuel hasta 1922 aproximadamente haciéndose cargo del mismo a partir de esa fecha su hijo Enrique, que lo mantuvo abierto hasta poco después de terminar la Guerra Civil.



Manuel, el farmacéutico, ya tenía montada su farmacia y droguería en el segundo local de General Ezponda 3 (lo que hoy diríamos 3-b) en 1910.

Pocos años después, cuando se enteró que su vecino Pacheco dejaba el local de por bajo (el que hacía esquina), se lo advirtió a su hermano mayor, Victoriano, que se apresuró a quedarse con el mismo, montando allí su comercio de ultramarinos en 1917.

Ambos hermanos permanecieron en General Ezponda siete u ocho años más, pues en 1924 ambos se deshacen de los respectivos negocios. Manuel, el farmacéutico, traspasó su farmacia a Julio Castellano Rubio, mientras que Victoriano traspasó su negocio a Juan García Agúndez que, a pesar de la coincidencia del apellido, no tengo noticias de que tuviera parentesco directo con Victoriano.

La foto que inserto a continuación es, precisamente, de la época en que el propietario era Juan García Agúndez, como puede leerse sobre la puerta que da a General Ezponda aunque la misma debe ser de los años 60.


A Juan García le sucedió en el local el joyero y buen amigo mío Juan Borrella Román, que años más tarde daría a su negocio el nombre de Joyería Bomar y que se instaló en Cánovas, antes de llegar a lo que fue oficinas de Banesto y ahora del Santander.


A Juan Borrella le sucedieron una serie de negocios de vida bastante fugaz: una papelería-copistería, un bar (El Archiperre) y toda una sucesión de negocios hasta hoy.



Y aún hoy, siguen sucediéndose negocios en esa ubicación.

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