domingo, 3 de noviembre de 2013

Valle de los Tejos (Nuñomoral - Cerezal)


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Organizada por el Club Michaelus y realizada el domingo 7 de abril de 2013, en un día nuboso, pero agradable. Alrededor de sesenta participantes.
Salimos temprano de Cáceres. Nuestro destino se encuentra en plenas Hurdes y contábamos con que, para un autobús, las carreteras son un tanto estrechas, por lo que la velocidad habría de ser, necesariamente, un poco más lenta de lo normal.


Aunque la ruta, propiamente dicha, comenzaba en Cerezal, se optó por iniciar la marcha en Nuñomoral, donde llegó el autobús a las 10 de la mañana, aparcando con facilidad en los espacios existentes junto a la Plaza del Ayuntamiento y próxima a la iglesia de la localidad.



Lo primero que llama la atención en Nuñomoral es el Río Hurdano, y más con la abundancia de agua que lleva este año gracias a las copiosas lluvias. Un cauce ancho permite que tanto el río como el puente luzcan en su esplendor.



El grupo se puso en marcha enseguida, pues había ganas de caminar, haciéndolo en los primeros metros por la carretera general para abandonarla enseguida por otra más estrecha a nuestra izquierda.




Antes de salir de Nuñomoral, Emilio, alma del club, nos urge a todos a agruparnos para hacernos una foto de grupo, recuerdo siempre precioso y, en especial, cuando pasados meses o años quieres rememorar las circunstancias de la ruta y las personas junto a las que pudiste disfrutar.


Sabemos que los dos kilómetros que nos separan de Cerezal los vamos a hacer en un suspiro. El día es agradable, el paisaje insuperable y el ambiente en el grupo de senderistas, cálido.
Ya iniciando la salida, pasamos junto al Merendero de Cerezal, espacio de esparcimiento perfectamente mantenido por el Ayuntamiento de la localidad.




En ambas orillas del río Hurdano, abundan las pequeñas huertas que contribuyen al sustento de los lugareños. Toda ayuda para la economía familiar es poca, y más en los tiempos que corren.




Tras un fuerte meandro del río aparece a nuestra vista Cerezal, localidad que no llega a 150 habitantes.
Se da la curiosidad de que en el mismo pueblo se juntan las aguas del Malvellido, que viene del oeste después de atravesar El Gasco, Fragosa y Martilandrán, con el Hurdano, en el que desemboca.


Bajamos una pronunciada cuesta y por un puente pasamos sobre el Malvellido para continuar camino.
La arquitectura popular, de piedra y pizarra, a mi me parece especialmente bella. Curiosos y llamativos algunos corrales anexos a las casas.





Tomamos la carretera que lleva al Embalse de Arrocerezal y que discurre paralela al Arroyo Cerezal. Es kilómetro y medio de un recorrido aburrido, sin nada en el entorno que llame especialmente la atención. Solo la conversación de otros senderistas anima el paseo. Pero enseguida queda a la vista la presa.




La presa de Arrocerezal es de las que llaman “de gravedad”. Tiene una longitud de coronación de 101,90 metros y una altura desde cimientos de 21,8 metros. Su aliviadero es de labio fijo central con una longitud total de 44,10 metros. La capacidad de este embalse es de 0,194 Hm3.




Cruzamos la presa por encima de ella para pasar al otro lado y, bordeando el embalse, seguir el curso del Arroyo Cerezal a través de la llamada “Verea del Correo”, que va desde aquí hasta Caminomorisco. Esta “Verea” tiene una longitud de poco más de 10 kilómetros y solo la pisaremos durante un corto trayecto, pues para subir al Mirador de los Tejos deberemos abandonarla cruzando el arroyo.
El sendero que recorremos es una verdadera preciosidad: helechos, enebros, castaños, madroños y, sobre todo, la sonoridad del arroyo contribuyen a hacer de estos momentos una delicia.




Apenas a 400 metros del inicio del sendero un puente de madera, de reciente construcción, nos ayuda a cruzar el arroyo.




Nada más cruzar el arroyo comienza la subida, que se las trae, pues en poco más de un kilómetro de recorrido hay que salvar un desnivel de 250 metros. Lo mejor es armarse de paciencia y pararse para tomar todos los respiros que sean necesarios.
Parte del sendero, que sigue siendo precioso, está empedrado.



Al llegar a un cartel indicador la Verea del Correo continúa por la derecha.


La subida se hace dura, por lo que las paradas son frecuentes, pero el buen humor no abandona a ninguno de los senderistas.






En un punto de la subida un cartel indicador nos informa que podemos tomar una desviación que hay a la izquierda del sendero ascendente para ir a visitar la China, una enorme piedra llena de un musgo brillante.


Por fin llegamos al Mirador, desde podemos contemplar, al otro lado del pequeño valle, un buen número de estos árboles.
El lugar está acondicionado para poder sentarse y descansar. Existe allí una fuente, pero, inexplicablemente, no tiene agua. Y buena falta haría.






Las vistas son preciosas.



Desde el Mirador se puede ver al fondo, mirando en dirección a la entrada del valle, algunos picos de la Sierra de la Peña de Francia, quizá el Pico de los Moros, Cerro Travesero  o el Collado de la Yegua, no estoy muy seguro.



Tras un rato de descanso, iniciamos la bajada, que hacemos con más alegría que la subida.



A lo lejos divisamos Carabusino y Robledo



Este año, con las lluvias que han caído, los arroyos van pletóricos. También este del Cerezal que cruzamos. Vicente y yo no podemos evitar recrearnos haciendo fotos.






Cuando llegamos otra vez al embalse, decidimos bordearlo por el otro margen, lo que nos permite contemplarlo en toda su extensión.



En aquel lado vemos el camino que conduce al Mirador del Pico de la Hoya.
Y regresamos a Cerezal, dando por terminada la ruta de esta mañana, ya que por la tarde nos desplazaremos hasta El Gasco para ir a ver el Chorro de la Meancera.

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