jueves, 18 de agosto de 2016

Lanzarote: Las Peñas del Chache


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Realizada durante la mañana del 25 de noviembre de 2013.
Las Peñas del Chache son el punto más alto de la isla de Lanzarote, con 670 metros. Es, de hecho, la cima del macizo de Famara que, visto desde la playa del mismo nombre y desde la zona de El Jable, se presenta como un inmenso murallón, un acantilado impresionante.
Junto con los Ajaches (en el otro extremo de la Isla), son los dos sistemas montañosos más antiguos de Lanzarote.
El macizo de Famara ha sufrido, a lo largo de cientos de miles de años, una notable erosión a consecuencia de la acción de los elementos meteorológicos que ha originado que hoy presente la inmensa belleza que tiene. El punto más alto, como ya he dicho, de todo el macizo son las Peñas del Chache, punto que vamos a visitar y desde el que hay unas vistas realmente excepcionales sobre todo el litoral de Famara y El Jable.


Por su altura, y por estar sobre un acantilado, las Peñas del Chache sirvieron de atalaya desde la que vigilar la aproximación de barcos por toda la costa norte y oeste.
El nombre de Chache es de origen guanche, si bien no se conoce el significado que pudo tener en dicha lengua. Es indudable su parentesco con otros topónimos lanzaroteños tales como Ajache, Tinache y Tinaguache.
La ruta  no tiene especial complicación, ya que el desnivel máximo, en relación al punto de partida (la cota más baja de todo el recorrido) no llega a los 100 metros. La distancia, de unos 9 kilómetros.


Nosotros decidimos comenzar en el Bar Restaurante Los Helechos, a unos 4,5 kilómetros de Haría, algo por encima del Mirador. Se llega allí saliendo de Haría por la LZ-10, en dirección a Teguise. Justo en el punto kilométrico 17 se encuentra la entrada al parking del restaurante, desde el que tenemos unas estupendas vistas sobre Haría, alcanzando a ver en la costa, Guatiza, Mala, Arrieta y Punta Mujeres.


Salimos a la carretera desde el parking y la tomamos en dirección izquierda, subiendo.
A unos 200 metros tomaremos la carretera que sale por la derecha, abandonando la LZ-10.
Al poco de entrar en la carretera lateral nos encontramos con un cartel indicador, bastante deteriorado.



A nuestra izquierda vemos la costa, donde distinguimos con facilidad Arrieta y Punta Mujeres. A nuestras espaldas queda Haría, con el volcán de La Corona de fondo.



Pasamos una explotación agrícola que queda a nuestra derecha y, enseguida, el camino se bifurca. Hay postes con flechas indicadoras. OJO, porque en ese punto debemos seguir de frente y NO desviarnos ya que el camino que queda a nuestra derecha será por el que regresaremos a nuestro retorno.



Desde que hemos salido vamos ascendiendo sin parar hasta que llegamos al punto más alto de esta vertiente, justo en el punto en el que a la izquierda hay una pequeña casita y donde, por la derecha, sale un camino que conduce a las instalaciones del Ejército del Aire, muy llamativas especialmente por la gran esfera dorada situadas en lo más alto de las Peñas del Chache, en el punto más elevado de Lanzarote, siendo visibles desde mucha distancia. En realidad son dos esferas, pero la segunda es mucho más pequeña y está ubicada algo más baja, mirando a la vertiente de Famara.
En ese mismo cruce un poste indicador con una flecha nos indica que debemos continuar para ir a la Ermita de las Nieves, aunque se lee con dificultad.


Aquí se ubica el Acuartelamiento Aéreo Peñas del Chache (ACAR Peñas del Chache), donde presta sus servicios el Escuadrón de Vigilancia Aérea nro. 22 (EVA 22).
Este escuadrón, junto con el EVA 21 (ubicado en Las Palmas), son los encargados de la vigilancia y defensa del espacio aéreo de las Islas Canarias, para ello disponen de estación de radar y comunicaciones del Sistema de Mando y Control Aéreo.
El EVA 22 fue creado en 1971 como “Escuadrón de Control Aerotáctico” en la Base Aérea de El Copero (Sevilla) y fue  trasladado en 1974 al Sáhara, donde prestó servicio durante un año. En 1975 a Lanzarote. Desde 1990 tiene la actual denominación.


A partir de este punto todo es una suave bajada hasta llegar a las inmediaciones de la Ermita de las Nieves que, por estar en un pequeño alto, queda limpiamente a nuestra vista a pesar de estar a más de 1,5 km. de distancia todavía.


Esta parte del camino se vuelve más atractiva, pues por nuestra derecha comenzamos a ver la otra vertiente, viendo ya las playas de Famara.
Pasamos un pequeño cruce a nuestra izquierda, que lleva a la Peña de la Pequeña, pero nosotros seguimos de frente.


Cuando estamos ya a la altura de la Ermita, que queda a nuestra derecha, un pequeño poste hincado en tierra nos indica que estamos en la Red de Senderos Turísticos y Recreativos de Lanzarote (PR-LZ).
Detrás de nosotros ya podemos ver, con una buena perspectiva, el ACAR. con sus dos grandes esferas. Y recordamos que la grande es el punto más alto de toda la isla.




Tras un pequeñísimo repecho llegamos a una explanada con un poco de vertiente en el sentido de nuestra marcha que queda delante de la Ermita, donde hay un pequeño jardincillo con unas palmeras y un panel informativo. Desde allí hay unas vistas extraordinarias, divisándose Los Valles, que quedan a tiro de piedra, y Teguise a lo lejos.
A unos 100 metros, una construcción con lo que parecen antenas y que ignoro si tiene alguna relación con el ACAR o quizá sean antenas de telefonía.


La Virgen de Las Nieves es la patrona de Lanzarote y ha sido objeto de devoción desde el siglo XV a causa de ser portadora de lluvia, motivo por el que se realizaban peregrinaciones a este su santuario.
Un manuscrito de 1714 atribuido a un tal Diego Henríquez cuenta cómo poco después de la conquista de la Isla, finalizada en 1427, se apareció la Virgen de la Nieves a un pastorcito en estas cumbres: “… mandándole dixesse a los Párrocos y Mayores del pueblo era voluntad suya se le fabricase casa en aquella colina.”  El pueblo de Teguise construyó una ermita en el lugar señalado por el pastor. Pero con el paso de los años la devoción fue perdiendo vigor, por lo que la ermita quedó seriamente afectada, debido al poco cuidado prestado a la edificación.
El mismo Diego Henríquez cuenta cómo un tal Luis Alonso, vecino de Los Valles, prestó declaración el 19 de febrero de 1676 sobre las voces que ha oído en el pago de Famara y de las que decía que eran de origen sobrenatural. Aquéllas voces reclamaban la reconstrucción del templo a la Virgen y le decían que no faltaría agua si accedían a lo pedido.
A partir del siglo XVIII se empezó a hacer la Bajada hasta Teguise hasta 1936, después cada vez que se requería lluvia se acudía a la Virgen y se realizaba la Bajada.
La ermita está declarada Bien de Interés Cultural por sus valores patrimoniales y la festividad de la Virgen se celebra el 5 de agosto. Con dicho motivo se celebra una romería a la que asisten fundamentalmente los vecinos de los pueblos circundantes.
El acceso al recinto está abierto pero la propia ermita se encuentra habitualmente cerrada.
La ermita se ubica en el interior de un recinto tapiado en el que también existe un aljibe que suministraba agua potable a los feligreses que se acercaban a este lugar de peregrinación. Su fachada es totalmente plana y facilita el acceso al interior a través de arco de medio punto sobre el que alza un pequeño óculo. Dado el desnivel del cerro donde se ubica fue necesaria la instalación de una escalinata, constituida por tres peldaños de cantería, ante la puerta. La techumbre del buque es de dos aguas, mientras que la del presbiterio, más elevada que aquél, es a cuatro aguas. Posee asimismo ciclópeos contrafuerte laterales que equilibran los empujes de una techumbre potente, cuya manifestación en el interior del templo se realiza bajo signos de la tradición mudéjar a pesar de ser construida en el presente siglo.







Cuando salimos, giramos a la derecha y nos acercamos a la pequeña explanada que hay al borde del acantilado para contemplar las preciosas vistas de las que puede disfrutarse desde allí, tanto de la Caleta de Famara y de El Jable como de las Peñas del Chache y de parte del acantilado al que vamos a ir a continuación.



El recorrido bordeando el Barranco de la Poceta es una preciosidad, la depresión del terreno es profunda y enormemente accidentada. En un sitio vemos una cruz al borde del precipicio y pensamos que alguien pudo caerse. Más tarde vimos un coche estrellado en el fondo del barranco y pensamos en un terrible accidente. Solo más adelante unos señores que tenían una pequeña huerta nos indicaron que no se trata de accidentes, sino de gente desesperada que viene hasta aquí para lanzarse a toda velocidad al vacío en busca de la muerte. Terrible.




A 1,3 kms. de la explanada anterior, en el sitio conocido como “Rincón de la Paja”, vemos a nuestra izquierda una serie de cuevas excavada en la montaña. Cristina, mi mujer, que viene con nosotros, pone mil pegas para que las recorramos a gusto, con lo que tenemos que limitarnos a visitarlas muy someramente, pero no podemos ir a las más alejadas.



Como tampoco disponemos de linternas, hemos de limitarnos a ver lo que ilumina el flash de la cámara.





Conforme nos vamos acercado a la estación militar, el Barranco de la Poceta, a nuestra izquierda, va ganando en belleza y esplendor: la vista se extiende totalmente expedita hasta la playa de Famara y El Jable.
Al otro lado del barranco, en la falda que baja desde el Morro del Castillejo, alcanzamos a distinguir algunas cuevas, no se si producidas por la erosión o por la mano del hombre.




En apenas unos metros más vemos, a nuestra izquierda, el sendero que baja hasta la Caleta de Famara. Está claro y  bien definido y no tiene pérdida en todo su recorrido. Se convierte en peligroso si el terreno está mojado, por lo que habría que extremar la precaución. En la foto el arranque del camino se observa claramente en la parte inferior de la misma.


Y cuando estamos mirando al barranco, alcanzamos a ver los restos achatarrados de otro coche que, según nos informa el lugareño al que antes me referí, se precipitó al vacío hace poco. El hombre nos dice que siempre ha habido suicidios con vehículos en estos lugares, pero que desde que la crisis económica se agudizó, han aumentado en número y frecuencia. 


Justo a continuación del lugar donde comienza la bajada por el Barranco de la Poceta, el camino tiene un ensanche del que salen tres senderos. Uno a la derecha, que se dirige a la estación militar, a la que es posible acercarse a la alambrada caminando junto a las paredes de las pequeñas propiedades que hay al pie. Hacerlo es por el mero gusto de subir lo más arriba posible de las Peñas del Chache, pero no se consiguen mejores vistas. Nosotros no lo hicimos.
De los otros dos senderos que salen del ensanchamiento, se segundo de la derecha continúa casi de frente a la dirección que traíamos y supone regresar directamente hacia nuestro punto de partida.
El tercero de los senderos es el que sale a nuestra izquierda, en ascenso, que nos lleva al Morro del Castillejo y luego a una explanada donde hay unas antenas. Este es el que cogimos nosotros.
Junto al Morro del Castillejo es un lugar ideal para hacer unas fotos estupendas.






Allí mismo, en una pequeña planicie, varias antenas gozan, desde su privilegiada ubicación, de unas vistas impresionantes sobre la costa, dominando todo el Archipiélago Chinijo.
A nuestros pies, las Bajas de Famara hacen espumear a las olas cuando chocan con ellas y al fondo, a nuestra derecha, el Risco de Famara, oscuro e imponente.
También aquí, al borde del acantilado, una cruz recuerda, quizá, a alguien que pasó por un mal momento.



Continuamos el sendero sin apartarnos del que discurre próximo al acantilado. Las vistas siguen siendo espectaculares, invitándonos a hacer abundantes fotografías.
Como a trescientos metros de donde hemos dejado las antenas el camino gira a la derecha, pero nosotros hemos de CONTINUAR DE FRENTE, pues vamos a bajar a un precioso mirador.





Desde el mirador se puede ver la caída vertiginosa que tiene el muro vertical que es el acantilado que está delante de nosotros. Una pared protege de una caída por un traspiés pero no impide, en absoluto, contemplar  el panorama. Solo por llegar hasta aquí ya había merecido la pena hacer esta ruta.




Desde el mirador subimos unos metros pegados a la pared que nos ha protegido para girar enseguida a la derecha y adentrarnos en un área de recreo llamada El Bosquecillo, dotada de mesas y bancos donde descansar o donde tomarse el bocadillo, si se ha ido con él.





A partir de este punto, el regreso a nuestro punto de origen es fácil. Solo hay que seguir la carreterilla, que nos hará pasar junto a una pequeña explotación agrícola que dejaremos a la izquierda.


Unos trescientos metros más adelante la carretera hace un brusco giro a la izquierda y ya iremos sin desviarnos al punto del que partimos.

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