viernes, 18 de octubre de 2013

GR 11. Etapa 18: Goriz - Pineta


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Sin habernos detenido demasiado a charlar de ello, hemos decidido ser madrugadores y dedicar el tiempo que le quitemos a la cama a un caminar más pausado y contemplativo, que nos permita disfrutar, sin prisas de clase alguna, de todo el maravilloso entorno que recorremos.



Así como el primer día el protagonista fue el Valle del Ara y ayer lo fue el de Ordesa, hoy va a convertirse en protagonista el Valle de Añisclo.

Un buen desayuno, como ayer en plan buffet, nos puso a tono, y una vez provistos del pic-nic que habíamos concertado, salimos del Refugio cuando los primeros rayos de sol acariciaban las cumbres más altas. Algunos de los que habían dormido en tiendas de campaña comenzaban a salir de ellas.

Por encima de nuestras cabezas hemos tenido toda la noche El Cilindro de Marboré, el Cuello del Cilindro y Peña Roya, a los que vamos a dejar con la intención de volver más adelante para acercarnos hasta ellos.



Delante del Refugio existe una pequeña instalación meteorológica. Hay que pasar junto a ella, dejándola justo a nuestra derecha continuar el sendero claramente marcado.




Estos primeros metros de marcha suponen nuestra despedida del Valle de Ordesa que recorrimos ayer. Aún tendremos a la vista durante un buen rato el profundo tajo que el Valle representa sobre el terreno, tajo que se hace más evidente según avanzamos hacia el Morrón de Arrablo, por donde lo perderemos de vista.





Al llegar al Collado de Arrablo volvemos la vista atrás para despedir con la mirada el Refugio y quedan a nuestra vista todo ese conjunto de picos que marcan con claridad dónde termina España y comienza Francia. Nuestro proyecto no contemplaba la visita (por esta vez) a esos parajes, pero queremos volver, expresamente, para recorrerlos.



Al llegar al Collado de Arrablo hemos de decidirnos por la opción a elegir, pues hay dos: la primera consiste en descender por el Valle de la Ribereta Arrablo hasta llegar al fondo del Cañón de Añisclo, para pasar al otro lado del Río Bellos, junto a la Fuen Blanca, y luego ascender por el otro lado del Valle. La segunda opción supone ir contorneando la faja que bordea la Punta de las Olas. Esta última opción es más difícil pero dado que no sólo no hay nieve, sino que el terreno está seco y que las vistas pueden ser fantásticas, nos decidimos por esta segunda opción.

Tomada la decisión, vamos dejando Punta Custodia a nuestra derecha y vamos haciendo una curva hacia la izquierda, para pasar por debajo del Morrón de Arrablo.



Nos resultó curioso que, al pasar por el Collado, estaba pastando un rebaño de ovejas en la falda del Punta Custodia. Al pasar por allí y oírnos, empezaron a acercarse a nosotros una tras otra. Nos siguieron mientras ascendíamos por la falda del Soum de Ramond, y las muy “jodías” no cejaron en su persecución hasta que ya estuvimos bastante arriba. Y yo pensaba en lo que me costaba a mi subir las cuestas y lo “chupao” que parecía que resultaba para ellas. Y… ¡es que no hay como tener práctica!




El Morrón de Arrablo o Torre de Góriz (2.792 metros), que inicialmente estaba por encima de nosotros, va quedando a nuestra altura.






El sendero está bien marcado. Muy pedregoso, en ascenso con un desnivel de unos 300 metros en 2 kilómetros de recorrido. Nos lo tomamos con calma, deteniéndonos una y otra vez para fotografiar.

Al poco, nos hemos puesto a la altura del Morrón y justo debajo del Pico Añisclo o Soum de Ramond.






Donde nos encontramos, el Valle de Ordesa parece un hundimiento en el suelo, como si en un terreno plano alguien hubiera dado un hachazo gigantesco en el suelo. Y así ha sido: el leñador han sido los siglos y el hacha los glaciares que han excavado el profundo Valle.



Unos pasos más y comenzamos a dejar a nuestra espalda el Soum de Ramond.



Casi sin darnos cuenta hemos llegado, tras superar un desnivel de 400 metros desde que salimos del Refugio, a la Faja de las Olas. Desde hace un buen rato ha aparecido ante nuestros ojos todo el Cañón y el Valle del Añisclo, de una belleza indescriptible.

Desde donde estamos podemos apreciar con claridad casi todo el Cañón, hasta el fondo, apreciar cómo el Barranco de la Pardina arranca hacia nuestra derecha, en dirección noroeste y un poco más allá, justo en la otra dirección, arranca el mucho más pequeño Barranco Mallo Sasé. Y los picos más relevantes. Sencillamente espectacular.



El sendero va bordeando la Punta de las Olas. En algún punto se hace un tanto complicado… o delicado, más bien, pasar por él. Por mi parte me centro bien dónde pongo los pies, pues hay mucha piedrecilla suelta, mucha, y a nuestra derecha se descuelga una corta y empinada cuesta que va a dar a un abismo. Reconozco que el terreno por el que me muevo habitualmente no es como este. De hecho, Pepe y Jose van como por su casa.




Cuando ya tenemos a la vista el Collado de Añisclo y La Suca, decidimos parar un rato y, sin mochilas, darle gusto al dedo, haciendo fotos a mansalva.






Fotos con “pose”





o sorprendidos en acción



Una parte de los picos que contemplan nuestros ojos podemos identificarlos, pero otros no.




Contentos con las fotos hechas, cargamos mochilas y continuamos.

Estamos comenzando a hacer el Rincón de las Olas, a 5,9 kilómetros del punto de partida.

Enfrente de nosotros, a nuestra derecha en el sentido de la marcha, la Suca, o Pico Inferior de Añisclo nos contempla. Como carezco de formación geológica no puedo explicar cómo está compuesta la roca, pero sí indicar lo que vi: el pico lo conforman rocas de dos tipos completamente distintos, una más clara por debajo y otra mucho más oscura por encima de aquéllas.

Seguimos caminando por un terreno pedregoso que, en invierno o con lluvia, debe ser muy peligroso. Nosotros, aunque está seco, vamos con cuidado, que no es cuestión de dar un traspiés.






Sobre nuestras cabezas, la Punta de las Olas



Unos metros más allá, un enorme manantial salta entre dos rocas. El chorro de agua tiene el grosor de un brazo. Vaciamos el agua que llevamos y rellenamos con la que sale de entre las rocas. ¡Esto sí que es agua “mineral”!







Provistos de agua, encontramos enseguida un entrante a nuestra izquierda. Hemos de ascender unos 25 metros. A las paredes hay clavadas unas cadenas que ayudan en el ascenso. A mi entender no es peligroso más que en el momento en que se terminan las cadenas, pero tenemos la suerte de que todo esté seco. Con el terreno mojado o con nieve habrá que ser extremadamente prudente.

Ahí van unas fotos.





Y visto desde arriba:





Inmediatamente nos encontramos con otro tramo, a mi entender mucho más peligroso pues, a pesar de las cadenas existentes en el suelo, la verticalidad es importante y el abismo a nuestro lado considerable.

Metemos los bastones en las mochilas y bajamos agarrándonos con las dos manos. Con prudencia, sí. Pero no puedo negar también que todo este tramo fue, con mucha diferencia, lo más emocionante de toda la jornada.






Estamos llegando al Collado de Añisclo. Al volver la vista atrás y ver el sitio por donde hemos descendido, sencillamente, no puedo creerlo.






Por fin estamos en el Collado de Añisclo. He de confesar que, probablemente, sea de los lugares de mayor belleza de todos los que pude contemplar a lo largo de esta ruta Pirenaica. A nuestra derecha el Cañón de Añisclo, recorrido por el río Bellos y lleno de exuberante vegetación. La Suca o Pio Inferior de Añisclo (2.802 mts.) y, detrás de ella, las Tres Marías (Zuca Punchuda -2.781 mts.-, Zuca Roncha -2.757- y Zuca Plana -2.702-)

Desde el Collado la vista sobre el Valle de Pineta es impresionante. Allá abajo, 1.216 metros por debajo de nosotros, el Parador de Turismo se ve diminuto. ¡Y hemos de salvar ese desnivel (de un 25%) dentro de un rato!



Al otro lado del Valle de Pineta el Llano de La Larri y los picos de la Munia, Robiñera y Chinipro, por cuyo entorno nos moveremos mañana.




A la izquierda (según miramos) Peña Blanca y los picos Pola, Puerto Viejo, Blanco, de la Fenetre, Punta Forcarral y el Pico de Pineta.



El panorama es, sencillamente, espectacular.





El Collado de Añisclo tiene una zona más herbosa, que mira hacia el Cañón de Añisclo y que invitaba a sentarse. Así lo hicimos durante unos minutos, mientras tomábamos algo de fruta que nos proporcionara fuerzas para la bajada que nos esperaba.





Tras el descanso, iniciamos el descenso. La bajada es de respeto, pero tuvimos la suerte de encontrar el terreno completamente seco lo que nos permitió, armados de la debida prudencia, claro está, bajar los 4,5 kilómetros de pendiente más pronunciada con relativa facilidad y a buena marcha.



Nuestra bajada solo se ve interrumpida por las frecuentes paradas que llevamos a cabo para hacer fotos a las flores.





Y tenemos la inmensa suerte de toparnos en la bajada con muchísimos edelweiss.





Según vamos perdiendo altura, nos asombramos por la grandeza de las montañas que nos rodean. Un verdadero festín para los ojos y el alma.





Cuando hemos bajado la mitad del desnivel y nos quedan aún otros 600 metros para llegar al fondo del Valle, nos encontramos con la Faja de Tormosa, que recorremos durante casi un kilómetro mientras continuamos bajando.



Encontramos una primera zona boscosa de hayas y pinos y en el Barranco de la Solana nos encontraos con un arroyo que corre veloz a verter sus aguas en el Río Cinca, en el fondo del Valle.






Tras el arroyo, nueva zona de bosques preciosos.




Y, finalmente, llegamos al Valle y nos quedamos sobrecogidos por la belleza del fondo del Valle, con la preciosa vista que nos ofrecen el Pico de Pineta y el Monte Perdido




Cruzamos el cauce seco, absolutamente pedregoso y lleno de grava del Río Cinca. Según nos informan después, cuando el río no lleva mucho agua ésta discurre subterránea, por debajo de las piedras.

Tras unos árboles se esconde el refugio, precioso, de Pineta, donde nos aprestamos a descansar tras una jornada absolutamente inolvidable.





¡¡De allí venimos!!




7 comentarios:

  1. ¡¡¡ Olé mi hermano !!!! ¡¡¡ qué orgulloso me siento de andar con él por los montes !!!

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  2. "Maestro Amores": así llamo, Teo, a tu hermano Pepe, quien me ha proporcionado enlace a tu blog. Me ha gustado muchísimo todo lo que has introducido con motivo de este viaje, tanto imágenes como texto (comentarios). Precioso, insisto. Por cierto he accedido a tu perfil, y he visto que te gusta el cine, entre tus aficiones vitales. Por este motivo, te remito a mi blog sobre cine (Cinedocnet: http://cinedocnet.com) y también a otro blog sobre patrimonio iberoamericano sonoro y audiovisual (Redauvi), en el que intervengo como coordinador por parte española, y en el que también hay cosas sobres cine. Ahí te va también: http://redauvi.com. En fin, gracias, Teófilo, y un fuerte abrazo. Alfonso López Yepes (alopez@ucm.es).

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  3. Magnífico trabajo y sobre todo extraordinario día montañero el que pasasteis.

    ENHORABUENA.

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  4. Hola Teófilo, te felicito por el excelente reportaje tanto en las fotografías como en la narración. Junto con unos amigos pasamos por esos lugares hace algo más de un año y he vuelto a revivir la experiencia. Gracias por ello. Con tu permiso me he permitido guardar blog entre mis favoritos para poder echarle un vistazo de cuando en cuando. Un saludo. Abel (abelpar@gmail.com)

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  5. Gracias por compartir con todos nosotros este fantástico reportaje.Habeis sido tres valientes con muy buena forma física. Un saludo Jesús Martín Mesonero.

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  6. Muy bonito Teofilo, el año que viene , esperamos hacerlo nosotros, un grupo de amigos del club de Sant Quirze.

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