miércoles, 11 de diciembre de 2013

La Chorrera de Hervás


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Realizada durante la mañana del 6 de diciembre de 2013. Mañana fría (empezamos a caminar con una temperatura en torno a 2º) y soleada.

Aparcamos en la Plaza del Convento, en los aledaños del Barrio Judío de Hervás lo que nos permitió comenzar la marcha con buen pie, al hacerlo partiendo de un entorno precioso.






Dando la espalda al pueblo, nos dirigimos hacia la Chorrera dejando el Puente de Hierro a nuestra izquierda.
Aunque aún es temprano y los rayos del sol aún no alcanzan el valle, las vistas de Hervás y sus alrededores nos invitan a fotografiarlas.



El Puente de Hierro, construido a finales del siglo XIX, perdió el uso para el que fue construido hace ya casi 30 años (1985) y ha quedado como un símbolo.
En la Plaza del Convento, de donde salimos, en un panel informativo había información sobre el ferrocarril y una imagen de un tren pasando por el puente. Ahí la pongo.



Tras el Puente termina el asfalto y comienza un camino de cemento, al que llaman “Camino de Marinejo”, siendo a partir de ahí todo nuestro recorrido ascendente. A novecientos metros del Puente llegamos a un punto en que el camino gira levemente a la derecha y, en una curva, se pronuncia la subida.
El río Ambroz nos va a acompañar, por nuestra izquierda, prácticamente durante todo el recorrido. Solo lo perderemos de vista, aunque seguiremos escuchando el murmullo de su correr entre las piedras, durante la subida hasta el depósito de agua.
Antes de coger la curva a que antes me refería, nos apartamos ligeramente del camino principal para acercamos al Ambroz para ver el pequeño puente, nada artístico, que salva su cauce. Y el puente, en efecto, no lo es, pero el cauce del río en este tramo a mi me parece hermosísimo.



Regresamos al camino principal. La curva a que aludía antes, que inicia una subidita, está cubierta de hielo. Es natural, pues está en la zona más umbría, en la que solo da el sol de última hora de la tarde, que no calienta nada. Para evitar caídas, caminamos por el lado de allá del camino.

Sin darnos cuenta nos hemos metido en una zona totalmente rodeada de árboles. Es un robledal magnífico, y lo avanzado del otoño hace que presente un aspecto arrebatador. Así lo comentamos Vicente y yo, recreándonos en tratar de llevarnos en nuestras cámaras las mejores fotos que podemos captar.
Verdaderamente es un lujo poder patear estos caminos y en estas fechas.




Unos quinientos metros más allá de la curva, encontramos a la izquierda del camino las instalaciones, ahora cerradas, del albergue Valle del Ambroz. Vemos tirolinas, cables para pasar caminando de una construcción elevada a otra, instalación para tiro con arco, una cabaña construida en lo alto de un árbol seco (y que debe haber sido las delicias de muchos chavales).






A tiro de piedra del albergue quedan a nuestra izquierda los restos de lo que fue la Piscifactoría Marinejo, dedicada a criar truchas. Puedo contar unas quince piscinas en lo que fue una magnífica instalación.
El estado de deterioro y abandono es total y como no sé a qué puede deberse, he indagado al preparar esta crónica y he encontrado la detallada referencia, de principios de 1989, que publicó el periódico El País y que reproduzco a continuación:

El País, domingo, 8 de enero de 1989)
Catástrofe en una piscifactoría de la provincia de Cáceres
100.000 truchas muertas cerca de un pantano en obras
Más de 100.000 truchas de la piscifactoría Marinejo de Hervás (Cáceres) aparecieron muertas el pasado jueves como consecuencia, al parecer, de la turbiedad de las aguas de los ríos Ambroz y Horcajo. En el cauce de este último, la empresa Construcciones y Contratas levanta un pantano para abastecimiento de agua de la localidad.
Los ciprínidos, que aparecieron asfixiados, con las agallas atacadas, por partículas sólidas, podrían haber ingerido restos del cemento depositado en las obras del embalse, "tarea que se realizó sin tomar ningún tipo de precaución y por más que desde hace meses vengo advirtiendo a la empresa que se produce una mortandad pequeña pero progresiva", según ha manifestado a este periódico el propietario de la piscifactoría, Andrés López. "El cemento depositado fue poco, pero actúa criminalmente y no perdona a trucha que encuentra aguas abajo. Podrían haber aislado la zona donde echaron el hormigón y no le, hicieron", explica Andrés López, quien asegura que ha presentado denuncias ante la Confederación Hidrográfica del Tajo y la Dirección General de Medio Ambiente de la Junta de Extremadura.
Andrés López reconoce que la construcción del embalse es una obra fundamental para un pueblo turístico, con problemas de abastecimiento: "Y de hecho todos los veranos concedo agua gratis de la piscifactoría. Pero si saben que la obra va a afectar a alguien, deben tomar medidas. Ahora estoy en la ruina. Ha muerto el 90% (le las truchas".
La piscifactoría se encuentra ubicada unos 4,90 metros aguas abajo del punto de encuentro de los cauces de los ríos Ambroz y Horcajo, "y el propietario sólo tiene posesión de las aguas del Ambroz. Las pérdidas que dice me parecen exageradas y ha demostrado una pasividad enorme, porque tenía que haber actuado antes", ha señalado el alcalde de Hervás, Ramón Ferreira, quien asegura que no ha recibido "ninguna denuncia", sino "una información, y le di la solución. Sólo bajan turbias las aguas del Horcajo, donde se construye la presa, y no las del Ambroz, como dice. Desde éste, unos tubos podrían llevar las aguas limpias hasta la piscifactoría. El coste sería de unos dos millones. Le dije que el Ayuntamiento estaría dispuesto a colaborar e incluso pondría la mano de obra, pero no aceptó. No entiendo ahora tanto lamento". Sin embargo, Andrés López asegura que Javier García, el ingeniero de la Junta de Extremadura, organismo que promueve el proyecto, se negó sistemáticamente a cualquier solución: "No quería saber nada".

A nuestra derecha aparece un camino magníficamente empedrado. En algún lugar he leído que podía ser una calzada romana pero no he podido encontrar referencias serias que me permitan afirmar aquí que lo es.
Ahí dejo una foto, como constancia de su existencia.

Según caminamos, lo que nos rodea va siendo más y más hermoso. El río Ambroz, cantarín, sigue a nuestro lado y el Pinajarro, altivo y fuerte (como dice Vicente Pozas) allí, enfrente, desafiante.
Una vieja chaqueta ya casi destrozada y colgada de una rama, presta sus últimos servicios como espantapájaros




Casi ahí mismo aparecen por nuestra derecha, las aguas del Arroyo Horcajo, que alimenta la presa que hay un poco más arriba. Al pasar por este punto aún no lo sabemos, pero la presa se encuentra totalmente vacía de agua por estar realizándose en ella labores de limpieza o, al menos, así nos pareció cuando la vimos desde lo alto.
En cualquier caso, justo antes del cruce que lleva hasta la presa (oculta ahora a nuestra vista), el Arroyo Horcajo nos enseña sus aguas que se aprestan al abrazo con el río Ambroz.

El camino describe una doble curva izquierda-derecha que nos lleva al paraje denominado “Marinejo” o “Casas de Marinejo”, que a mi me gustó especialmente. Lo identificamos con facilidad porque la que llaman Casona de Marinejo aparece a la izquierda del camino. Una antigua construcción, ahora abandonada y derruida en su interior. De planta rectangular y pintada de blanco, cuenta con tres plantas. En su fachada principal nueve huecos, tres por planta y solo tres huecos en cada uno de los laterales.
Por más que he buscado referencias de lo que pudo ser no he encontrado nada sólido y solo una referencia, de pasada, que indica que fueron viviendas del personal que trabajaba en la minicentral de luz de Marinejo (o “Casa de la Luz”, como la llamaban en Hervás), que está unos cientos de metros más arriba.



En el mismo lugar, pero a la derecha del camino, los restos de una antigua casa de piedra con buenos dinteles en la puerta principal y, dentro, los restos de las grandes vigas de madera que sostenían la planta de arriba. Al lado de la casa principal, lo que pudo ser otra de menores dimensiones o, quizá, corrales; carece por completo de techumbre y tiene lo que parece el hueco de una bonita ventana en forma de “V”.



A la izquierda de la fachada principal de la Casona (en la dirección de la marcha) un camino pasa sobre el Ambroz utilizando un puente que, para que pueda ser apreciado, exige que se baje hasta el mismo río. Merece la pena hacerlo pues el sitio es realmente hermoso.



Vicente, mi habitual y prudente compañero de andanzas, no es dado a verbalizar demasiado las sensaciones que le produce lo que ve pero, con frecuencia, su mirada dice mucho más que lo que pudieran decir sus palabras.

Allí mismo, a escasos metros de las Casas de Marinejo, un refugio de reciente construcción y libre acceso. Quiero pensar que no está concebido para que sea utilizado en invierno, pues tanto sus dos grandes ventanales, que dan al camino, como su puerta carecen de protección de clase alguna. Cuenta, sin embargo, con una hermosa chimenea que tiene todas las trazas de haber sido utilizada.


Un sencillo puente de cemento, humilde, sin pretensiones y totalmente mimetizado con el entorno proporciona otro acceso para cruzar el Ambroz.


Y trescientos metros más adelante termina por fin, el camino de cemento. Estamos, en números redondos, a 4 kilómetros del punto de partida.


Prácticamente ya queda a nuestra vista la Casa de la Luz. Nuestro camino continúa por un desvío a nuestra derecha, ya sea tanto para seguir a la Chorrera como para visitar las Charcas Verdes. Acercarnos a la Central Eléctrica supone recorrer 400 metros más entre ida y vuelta.
No lo comentamos apenas. Directamente nos desviamos para ver, de cerca la “Casa de la Luz”, como la llaman en Hervás.
El acceso está vedado por una pequeña verja y una pared de escasa altura. Ambas resultan más disuasorias que efectivas, como el cartel que anuncia que el ojo del gran hermano te vigila.
El edificio es sencillo y nada hay en él de especial por lo que, tras las fotos de rigor, damos media vuelta y volvemos al sendero que nos llevará a las Charcas.


El inicio del sendero a la Chorrera está perfectamente señalizado (como toda la ruta). Del camino principal sale una vereda, estrecha y muy pedregosa en algunos tramos, en claro ascenso paralelo al camino que lleva a la Eléctrica, que va quedando cada vez más a nuestros pies.
Lo que parece que pudo ser un antiguo aprisco para ganado queda a nuestra izquierda, entre la vereda y la Central justo cuando llegamos al pequeño poste indicador que señala la vereda a la Chorrera, por la derecha, y a las Charcas Verdes siguiendo de frente.




Optamos, como es lógico, por visitar las Charcas, por lo que continuamos de frente. Enseguida nos encontramos con la gran tubería que conduce el agua desde el depósito que está en lo alto hasta la central eléctrica y cuya caída en las turbinas generará la electricidad.
Es una tubería de entre 35 y 40 centímetros de diámetro que baja recta y con una gran inclinación.


Hace aproximadamente hora y media desde que salimos y a estas horas el sol ya ha tomado altura, por lo que sus rayos iluminan generosamente las copas del robledal que nos rodea. El color de las hojas, reflejado en algunos remansos del río, producen un efecto precioso.



Las Charcas Verdes son una sucesión de remansos que hace el río Ambroz y que asemejan piscinas naturales. Su agua es absolutamente transparente.





Desde luego no seré yo el insensato que se atreva a cuestionar la belleza de las Charcas, pero no puedo dejar de referirme a las pequeñas cascadas que saltan de uno a otro remanso, o a un conducto que el agua, en su discurrir, ha excavado en la roca, con una profundidad de unos veinticinco centímetros y que corre así durante unos cuatro metros.




Solazados con la belleza del lugar, volvemos sobre nuestros pasos en dirección al poste indicador. Pasamos de nuevo sobre la tubería de agua y comenzamos la subida.
A este trozo de ruta, la subida desde el poste indicador hasta el aljibe que encontraremos arriba, le llaman “las 33 vueltas” en referencia al continuo zig-zag que hace el sendero para facilitar la subida de la pendiente. Es, sin lugar a dudas, el trozo más duro pero cualquier persona que tenga un mínimo de preparación y, desde luego, cualquier senderista habitual, lo hará sin dificultad. En realidad no es más que un desnivel de 60 metros en 400 de recorrido: un 15% de desnivel en un trayecto cortísimo.

Durante la subida, el Pinajarro nos mira retador como diciendo “¡Conmigo no te atreves!”. Y, desde luego, hoy no; pero me doy por envidado y me emplazo para subirlo más adelante.

Cuando queremos darnos cuenta estamos arriba. Un aljibe de hormigón (del que parte la gran tubería que vimos abajo), recoge las aguas que llegan al mismo a través de un canal.



Las vistas que tenemos desde este punto son magníficas. A nuestros pies Hervás y el valle en que se ubica; más allá Aldeanueva del Camino, y el embalse de Baños de Montemayor y, a lo lejos, las Sierras de la Pesga y del Canchal.


A los pies, casi, de donde nos encontramos, el Embalse de Hervás o Presa de Horcajo, pues recibe ambos nombres, alimentado con las aguas del Arroyo de Horcajo o del Posturillo (también denominado de ambas formas). Desde la altura en que nos encontramos vemos que la presa está completamente seca y grandes camiones y otra maquinaria pesada en su interior nos señalan que se están realizando obras de limpieza y conservación.


El aljibe es alimentado de agua a través de un canal que se extiende a lo largo de 1,3 kilómetros por un paraje hermosísimo repleto de robles, un verdadero deleite para la vista. Toma las aguas que transporta principalmente (aunque no solo) del Arroyo de las Costeras que, pese a lo que he leído en algún sitio, no tiene nada que ver con la Chorrera.
El canal se construyó a principios del siglo XX, en torno a 1905. Tiene, aproximadamente, un metro de ancho y otro tanto, o quizá algo más, de profundidad y nos sorprendió que, en buena parte de su recorrido, cuenta con un trazado elegante, con unas graciosas curvas que le proporcionan un gran atractivo.





El recorrido por el margen del canal hasta su inicio, próximo ya a la Chorrera, fue para mi una de las partes más bellas de toda la ruta.
Además de dos o tres pasos que no son más que unas losas de hormigón puestas sobre el mismo, en su recorrido el canal cuenta con dos puentecillos de obra antigua, con forma de arco y realizados en ladrillo y/o granito que ayudan a pasarlo, sin tener que “saltar” sobre el mismo a los que vengan desde el otro margen.
Este es el primero.


Y este otro el segundo.



Todo el recorrido en esta zona es llano, excepto en un punto en que, a lo largo de veinte o veinticinco metros de recorrido hay un pequeño desnivel de dos metros aproximadamente. El canal salva ese pequeño desnivel mediante un miniacueducto de cinco ojos rectangulares. Es evidente que necesita una reparación, pues en uno de los huecos el agua sale por debajo en forma de chorro de un dedo de grosor.


Pocos metros después del segundo puentecillo a que he aludido antes el camino hace un brusco giro a la izquierda. Justo en ese punto vemos, a la derecha del camino, el Arroyo de las Costeras.

Es, precisamente en este lugar, donde comienza el canal. Ahí el Arroyo de las Costeras atraviesa el camino para encontrarse, unos cientos de metros más abajo, con el Ambroz.
Un sencillo sistema de compuertas en la cabecera del canal hace que una parte del agua se vaya por el mismo hasta el aljibe, mientras otra parte vierte a la margen izquierda del camino, permitiendo que el Arroyo de las Costeras, aún reducido su caudal, siga su curso.



Hay también un pequeño aporte de agua que viene canalizado desde el Ambroz. Una compuerta al final de ese pequeño canal hace que ese agua se sume a la del Arroyo de las Costeras que va al aljibe mediante una tubería de sección cuadrada y corto recorrido que pasa por debajo del camino, contribuyendo con ello a garantizar la producción de energía.

Desde este punto quedan solo quinientos metros hasta la Chorrera. Una cortísima subidita nos adentra en medio del robledal, vestido de unas fantásticas tonalidades marrones y rojizas durante nuestra visita.


Tras una curva del sendero divisamos, por fin, la Chorrera. Para llegar al lado de la misma hemos de descender hasta el cauce del Ambroz. La bajadita es pronunciada y, cuando fuimos nosotros, habían abundantes placas de hielo de considerable grosor, por lo que conviene extremar el cuidado en este punto.

La Chorrera es una caída de agua de 15 metros de altura. Comentamos respecto a la temperatura que debe tener el agua pues en el mismo punto desde el que salta, la presencia de hielo es evidente.




Cumplido el objeto de nuestra visita, iniciamos el regreso, ya más rápidos que a la venida.
En el camino de retorno nos cruzamos con unos diez o doce grupitos de personas (unas 40 o 50 en total) que van a la Chorrera. Y, por cierto: de todas las edades.

Cuando llegamos a la altura del aljibe hay mucha más luz que a la venida, por lo que aprovechamos para tirar las últimas fotos del paisaje que se extiende a nuestros pies.


Una vez que hemos bajado le comento a Vicente que esta es otra de esas rutas que todo el mundo debería hacer al menos una vez en la vida. Yo regreso totalmente encantado por las maravillas que la naturaleza ha puesto ante mis ojos.




Rematamos la mañana con un paseíto por algunas calles de Hervás antes de regresar a casa.








2 comentarios:

  1. Preciosa y detallada descripción. La he copiado porque este fin de semana del 23 / 24 de abril nos vamos a hacerla desde León siguiendo también tú trazado de wikiloc. A ver que nos resulta. Si quieres, en unos días, puedes ver mi reportaje en mi blog:

    http://franciscojaviergallegogarcia.blogspot.com.es/

    Un saludo
    Javier G.G.

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