jueves, 15 de diciembre de 2016

Lanzarote: La Flecha de los Ajaches y otros "misterios"


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Hace unos diez o doce años (en torno a 2008) se hizo público el descubrimiento, muy cerca de Playa Quemada, junto a la Playa del Pozo, justo donde se unen los Valles del Higueral y del Cortijo, de una gran flecha realizada en el suelo y con una enorme carga simbólica en su trazado.

Unos aseguraron que, dada su dimensión, perfección y simbología, se trataba de una obra realizada por extraterrestres; otros apuntaron que se trataba de una obra humana perteneciente a algún grupo de carácter esotérico; otros, por fin, afirmaron desde el primer momento que no se trataba más que de un trazado hecho a mano recientemente por personas desconocidas; y otros, finalmente, manifestaron que no era más que una gamberrada de unos desaprensivos que, además, habían atentado contra la integridad del Monumento Natural de los Ajaches.

Todos coincidían en que la Flecha era de grandes dimensiones, realizada con gran perfección, que su diseño era bellísimo y que, efectivamente, tenía una gran carga simbólica.

Pero nadie, en aquel primer momento, supo precisar cuándo se había hecho la Flecha.

Tras el primer momento de desconcierto varios investigadores canarios se pusieron a investigar con los resultados que más abajo indicaré y que desvelaron parcialmente el misterio.

He de aclarar que hice esta ruta en coche, en un pequeño todoterreno de mi buen amigo Jaime Soto Cortés, con quien, previamente y esa misma mañana, había hecho la subida al Pico Nagos. Cuando regresamos a Las Casitas de Femés tomamos el coche y, bordeando y dejando a nuestra izquierda el Pico Nagos y El Frontón y a nuestra derecha una zona donde se han extraído áridos, nos dirigimos a la degollada existente entre El Frontón y el Pico de la Oveja, para bajar por allí hacia el Valle del Cortijo.



Desde la misma degollada se tiene ante los ojos todo el valle, alcanzando la vista hasta la misma Playa del Pozo. Unos postes verticales hincados en el suelo nos indican que estamos en el PR-LZ-11, aunque la información inserta en los postes es más que escasa.


La bajada es un recorrido de 3 kilómetros por un camino amplio para andar pero estrecho, en ocasiones, para los vehículos. El firme está bastante socavado en algunas partes a consecuencia de las torrenteras generadas por el agua de lluvia. Ni una sola sombra, por lo que conviene ir provisto de sombrero o gorra y agua (estas dos cosas, siempre). Y nunca viene mal el bastón, aunque a veces podamos llevarlo en la mochila.


Como unos 300 metros antes de llegar a la Plaza del Pozo ya podremos distinguir, a nuestra derecha, La Flecha. Cabe que en un primer momento cueste distinguirla pues a nivel del suelo se confunde con el mismo. Y mucho más según va pasando el tiempo, pues el viento, la lluvia y la propia acción de los que visitan el lugar están provocando que La Flecha vaya quedando, poco a poco, más desdibujada.

Hay una forma de localizarla con facilidad: en el punto indicado (a 300 metros de la Playa), el camino sube, por la izquierda, camino de Playa Quemada. Pues justo en el punto en que el camino empieza a subir, justo enfrente (a nuestra derecha), está La Flecha. Un estrecho y corto sendero, apenas distinguible, llega hasta ella. Hay que tener en cuenta que está realizada rastrillando la tierra, limpiando el firme.


Enseguida nos acercamos, cuidadosos para no estropear nada del dibujo, así como para no modificar ninguna parte del trazado.

La Flecha, vista desde el mismo suelo, resulta inmensa y difícilmente abarcable en cuanto a su diseño, dada la falta de perspectiva. Tiene unos 100 metros de largo por otros 18 de ancho, aproximadamente y apunta al noreste. Adjunto una foto de la misma vista desde las lomas que hay enfrente, al otro lado del camino por el que hemos venido, camino ya de Playa Quemada.


En algunas de las fotos que adjunto a esta crónica he delineado con rayas de color azul los límites del trazado que, color que, claro está, no está en el terreno. En alguna nos pusimos Jaime o yo, solo para que pueda evaluarse las verdaderas dimensiones del dibujo.


A lo largo de todo su trazado tiene dibujados seis símbolos, más otros dos exteriores a la misma, uno de los cuales ha sido destruido y modificado por alguna persona recientemente.

Vista desde que se llega a ella por el el sendero, los símbolos son: una punta de flecha de la que salen unos rayos por su parte más ancha (1); una base sobre la que cabalgan dos semicírculos, uno a cada lado del eje central, de los que también salen rayos (2); un círculo con la forma del timón de un barco unido al símbolo anterior por cuatro líneas (3); un trazado con forma de perla o lágrima, con la parte más fina hacia arriba (4); otro círculo (5) y, finalmente, una punta de flecha de, aproximadamente, una cuarta parte del tamaño de la primera y  bastante más fina que ella (6).

Fuera del dibujo principal y entre los dos primeros símbolos, en el lado derecho, había originalmente una estrella de seis puntas. Dicho dibujo ha desaparecido actualmente y, en su lugar, alguien ha creado una tosca flecha (7) apuntando hacia abajo que carece de la perfección del resto del trazado.

En la parte superior, entre los símbolos 4 y 5, también a la derecha de los mismos, otro círculo perfecto con un hueco en el medio (8).







Se ha podido comprobar a través del rastreo de fotos aéreas del SIGPAC (Sistema de Información Geográfica de Parcelas Agrícolas) que la flecha no existía en las del año 2000 y que, posiblemente, fue realizada en 2003 o 2003.

Jaime y yo comentamos sobre el evidente deterioro que está sufriendo La Flecha y nos planteamos la posibilidad de venir un día con un par de rastrillos y tratar de limpiar un poco. Al día de hoy, no lo hemos hecho. A mi, personalmente, me parece que La Flecha constituye un atractivo para el lugar y que muchas personas hacen el recorrido por el misterio añadido de la misma. Creo que, por ello, el ayuntamiento de Yaiza debería actuar con prudencia pero sin titubeos para devolver a este símbolo su frescura original.

Si al “misterio” de La Flecha (entrecomillado, pues sabemos que no hay tal misterio) se le agregara la seducción de lo que de esotérico hay a su alrededor, y que ahora contaré, creo que podría multiplicarse el número de visitantes.

En el entorno próximo de La Flecha hay otros cinco elementos que podrían integrarse en la singularidad del lugar.


Así, en la parte de debajo de la misma y rozando el camino hay un gran círculo de unos 100 metros de diámetro, de difícil observación a nivel de suelo, pero fácilmente identificable a través de Google Earth.

Existe también allí una casa en ruinas, abandonada, que podría utilizarse como refugio, como punto de información o, al menos, aprovechar la estructura para, dotándola de tejado, ubicar allí unos bancos que pudieran servir de descanso.



Entre las ruinas mencionadas y el círculo grande al que me refería antes, existe una superficie embaldosada con piedras. Está hecha de obra, lisa y a nivel, las piedras encementadas y perfectamente unidas. Posiblemente esté relacionada con la “casa esotérica” a la que más adelante me voy a referir. Me da la impresión que esta superficie embaldosada, La Flecha y la “casa esotérica” pueden tener relación y que el embaldosado pudo servir como lugar para colocar planos o instrumentos para la realización de La Flecha, o quizá lugar de esparcimiento al caer la tarde para los que la realizaron.


Bajando hacia la playa nos topamos con un pozo (seco por completo al pasar nosotros). Muy bien realizado todo su brocal en piedra, así como el embaldosado de piedra a su alrededor. A su lado hay un cortavientos del mismo material que el pozo, de algo más de dos metros de alto, con un banco, también de piedra, que lo recorre en toda su extensión. Es curioso, pero quien lo diseñó o ejecutó no se quebró mucho la cabeza pues tal y como está realizado no sirve para protegerse del sol más que cuando el mismo está saliendo.



Siguiendo un poco más hacia la playa y a nuestra derecha, aproximándonos a la pared del barranco que cierra la Plaza del Pozo, hay una casa toda ella de piedra, de planta cuadrada y en la que se observan un pequeño cercado de piedra a su alrededor.


Tengo que señalar que la casa nos sorprendió tanto a Jaime como a mi. En su exterior las piedras de que está hecha parecen estar sobrepuestas una sobre otra, encajadas, sin argamasa que las una. En el interior, sin embargo, se observa que se ha utilizado cemento y cal para hacer las paredes con un terminado absoluta e intencionadamente irregular e imitando una hechura con barro o argamasa. El resultado es atractivo.

Toda la casa está repleta de lo que parecen símbolos celtas y astronómicos. A la vista de esto no nos cuesta relacionar (quizá equivocadamente) la casa y La Flecha y comentamos entre nosotros que, posiblemente, los que vivieron aquí y lo decoraron hicieron también aquélla.









También vemos que algún elemento que, en su momento, fue utilizado en la decoración de la casa ha sido arrancado, aunque no hay manera de averiguar si se lo llevaron los mismos que la hicieron o ha sido un despojo posterior.


Y un par de pequeños ventanucos que dan al mar permiten contemplar la tranquilidad de Playa Quemada, a tan solo un paso de este lugar.


Sobre el trozo de playa que hay más próximo a la casa alguien que, sin duda, se ha sentido influido por la flecha y la profusa decoración de la casa, parece que ha pretendido dejar su pequeña aportación sin que ésta pase de lo puramente anecdótico.


Jaime y yo nos hemos sentido atrapados por la magia del lugar. La Flecha y todos los elementos decorativos de la casa la verdad es que sugieren paz, por lo que nos cuesta regresar al coche para dirigirnos a Playa Quemada. Nuestra intención es subir desde allí a la LZ-2 y desde allí, por Las Casitas y Femés, regresar a Playa Blanca.

Pero antes de irnos del lugar, bajamos hasta el borde del agua.


Antes de apartarnos de la Playa del Pozo y de cuanto en ello se contiene, me parece este buen momento y lugar para señalar que existen otros “misterios” (que en realidad no son tales) en la Isla y que, si alguien es aficionado a este tipo de cosas, debería poder ubicar perfectamente por si quiere visitarlos.

Me estoy refiriendo a CUATRO, además de La Flecha ya indicada.

El primero son los “Círculos de Yaiza”, sitos junto al abandonado Hotel Atlante del Sol, que nunca se vio terminado. Mucho se ha comentado respecto a tales círculos, afirmando algunos que se trata de diseños de extraterrestres, similares a los famosos círculos de las cosechas.

Actualmente sabemos que los círculos de las cosechas fueron realizados por seres humanos. Y los Círculos de Yaiza, también. Aunque no he encontrado referencia exacta (documentalmente contrastada) de su origen, creo que pudieron producirse por la instalación de maquinaria (grandes cubas) que contuvieran agua o áridos, probablemente en el momento de la fallida construcción del hotel citado. Ha podido constatarse mediante fotos aéreas que hace años los círculos no estaban.



Otro de los “misterios” a los que me refiero es la figura del Humanoide, también en Yaiza, pero en esta ocasión muy próxima a Las Coloradas y a Playa Mujeres. No he encontrado demasiado escrito al respecto. Parece que se trata de una formación natural y, desde luego, caprichosa.



En 1981 se descubrieron unas estructuras submarinas en las aguas colindantes con Playa Blanca, entre Pechiguera y Papagayo. Por más que he indagado no he logrado localizar el lugar exacto donde se encuentran aunque deduzco que más próximas a Papagayo que a Pechiguera. Al parecer están a unos trescientos metros de la costa y a 22 de profundidad y ocupan una superficie de unos 900 metros cuadrados.

Se trata de unas escalinatas de dimensiones ciclópeas compuestas por una fila de bloques de piedras aparentemente hechas por el hombre. Los bloques están dispuestos en una especie de escalera, como se muestra en la figura que adjunto y que tomo de la página web de http://www.science-frontiers.com de su revista nro. 58, de julio-agosto de 1988. Los pasos  son de 40 cm de altura, un paso demasiado grande para los seres humanos.


Imágenes tomadas de la web citada más arriba

Junto a Playa Quemada, existe también una figura con forma de flor que, al parecer, ha sido realizada recientemente.



Y al norte de la Isla, junto a Guatiza y en el interior de la Caldera de Guenia, hay quien dice ver el diseño de un pez.




Todo lo anterior, insisto, podría “venderse” no como una falsa realidad de presencia extraterrestre, sino como un atractivo más de la Isla.

Justo enfrente de La Flecha, al otro lado del sendero por el que hemos venido, está el camino que sube el Risco de Las Coronas. Jaime, muy ufano con su pequeño todoterreno, me asegura que el cochecito subirá la cuesta sin ningún problema, pues se agarra como una lapa al suelo. La cuestecita de marras tiene un 14% de desnivel que si bien para hacerlo a pie no representa dificultad alguna, para hacerlo en coche es otro cantar. He de confesar que me sentí un tanto angustiado ante la posibilidad de un vuelco por lo que, al poco de comenzar a subir, le pedí que parase un momento ya que yo prefería subir esos 500 metros que restaban a pie. Jaime, muerto de risa, paró y eché pie a tierra.

Inevitablemente eché la vista atrás, impactado como estaba por La Flecha y por cuanta fantasía podía construirse en torno a la misma. Deseaba volver a verla desde donde estaba, más distante y más alto.



Tras un último vistazo a la Playa del Pozo, vuelvo a montar en el coche y continuamos nuestro camino.


Entre el Risco de la Corona y el Risco de la Madera apenas si hay trescientos metros de un terreno llano que recorremos sin prisas. Sin siquiera detenernos en este segundo Risco, hago una foto a Playa Quemada y continuamos serpenteando por estas colinas desiertas y desérticas.


Desde el Risco de la Madera continuamos por el camino, claramente trazado, sin perder altura en ningún momento y durante unos 600 metros hasta llegar a las ruinas de una antigua construcción.


En el lugar donde están las ruinas en camino inicia un amplio giro a la derecha para realizar la bajada a Playa Quemada. Es en este punto donde, frente a nosotros, tendremos la parte posterior del volcán Montaña Bermeja.


Por nuestra derecha se precipita el Barranco de La Corona hacia la Playa de la Arena y frente a nosotros, al final de una pronunciada cuesta, Playa Quemada.



Durante la bajada tenemos la oportunidad de ver, a nuestra derecha, el dibujo de la flor a que hice alusión más arriba.


Una vez en Playa Quemada tomamos la carretera que sube hasta la LZ-2 para regresar a nuestro punto de partida.


1 comentario:

  1. ¡¡Magnífica bitácora!! Me ha gustado, interesado y entretenido. Gracias Teófilo.

    ¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

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