miércoles, 28 de diciembre de 2016

Lanzarote: Montaña Bermeja (de Playa Quemada)


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Realizada durante la mañana del 11 de junio de 2015.
Diez días antes había tenido una grave lesión en la rodilla izquierda que me dejó varado sin poder salir a caminar. Después de esa decena larga de jornadas me planteé hacer esta pequeña subida. Montaña Bermeja no reviste especial dificultad, ni por el desnivel (140 metros) ni por la distancia (apenas 3 kilómetros). Es, además, un volcancito aislado que, o vas “a tiro hecho” o no se hace, porque encaja difícilmente en cualquier otra ruta.
El regreso puede hacerse por el mismo camino de subida, bastante más suave y en mejores condiciones de firme que el que yo utilicé para bajar. Si se va con niños o si quien hace la ruta no tiene una forma física medianamente aceptable, recomiendo regresar por el mismo sitio de la subida.



Ante todo, advertir que en Lanzarote existen, al menos, cinco montañas (volcanes) con la misma denominación de “Montaña Bermeja”. Una es ésta, a la que me voy a referir en este reportaje, ubicada al lado de Playa Quemada, en el sureste de la Isla. La segunda se ubica a mitad de camino entre El Golfo y las Salinas de Janubio, en el suroeste. Si trazásemos una línea recta que partiera a mitad de camino entre Puerto Calero y Playa Quemada y terminase, también a mitad de camino, entre las Salinas de Janubio y El Golfo, cada una de estas dos montañas quedaría ubicada en un extremo de la línea.
La tercera está al lado de Conil, en el municipio de Tías, unos pocos kilómetros al norte de su homónima de Playa Quemada mientras que la cuarta está un poco al sur de La Santa, junto a la Playa del Majo. La quinta, por su parte (denominada en algunos sitios “Caldera Bermeja”) se yergue, aislada en medio de un gran mar de lava, al este de Caldera Blanca.
No hay que confundir ninguno de los cinco volcanes con el ubicado al este de Playa Blanca, que recibe el nombre de Montaña Roja.
Por último, indicaré que de los cinco volcanes con que cuenta La Graciosa, el situado más al norte también recibe la misma denominación de Montaña Bermeja (los otros cuatro son las Montañas Amarilla y la del Mojón y las dos Agujas, la Grande y la Chica).


El recorrido puede iniciarse en diversos lugares. Inicialmente me planteé dejar el coche en Playa Quemada y dirigirme desde allí a Montaña Bermeja a través de un camino, claro y sin pérdida, que enlaza con el kilómetro 2,5 exacto de mi recorrido, pero tras comprobar que ese trozo no aportaba nada en especial a la ruta, me decidí por dejar el coche junto a la carretera LZ-706, que es la que va desde la LZ-2 (Yaiza a Arrecife) a esta Playa Quemada. A 1,5 kilómetros exactos desde que se toma la carretera a Playa Quemada hay un camino que sale por la derecha y espacio más que suficiente para aparcar varios coches. Si se prefiere, puede irse con el coche por ese mismo camino un poco más arriba hasta dejarlo fuera de la vista de los que circulen por la carretera. Yo preferí dejarlo junto a la misma.



El camino es ancho. Encontramos tres bifurcaciones sucesivas, debiendo tomar siempre la de la derecha. Dejo fotos de cada una de ellas y aprovecho para indicar que, como he dicho antes, que se puede ir con el coche hasta la tercera desviación y dejar el coche allí.




El Pico Nago quedará a nuestra derecha, rematado por su penacho de rocas y veremos, también a nuestra derecha, una pequeña parcela de tierra negra, bien cuidada y limpia.



Por nuestra derecha podremos distinguir un sendero que asciende hacia el Pico Nago por esta vertiente y que, al menos en parte, es practicable también para vehículos todo terreno.


Enseguida veremos un sendero estrecho, bastante menos definido que el que hemos traído, pero también muy claro, que sale a nuestra derecha y se dirige a Montaña Bermeja.



En pocos pasos alcanzaremos un pequeño collado desde el que tendremos a tiro de piedra nuestro destino.



El colladito me depara la sorpresa de unos preciosas vistas a derecha e izquierda.
Por la derecha se ve una buena parte de la alineación de volcanes que se extienden, en práctica línea recta, desde San Bartolomé hasta Las Breñas


Por la izquierda y dada la claridad del día, podemos contemplar sin problema Isla de Lobos, Fuerteventura, las playas de Corralejo y las principales elevaciones volcánicas de la Isla.


A mi lado, al otro lado del collado en que me encuentro, las estribaciones del Pico Nago y El Frontón deslizándose hacia el mar.


Sin apenas esfuerzo y en solo unos pasos me coloco en el inicio de la corona del cráter de Montaña Bermeja aunque para llegar a lo más alto todavía queda un pequeño trecho. Me llama la atención la pequeña superficie del cráter, donde no hay espacio sino para la torrentera producida por el agua de las lluvias.





A mis espaldas el Pico Nago, cuyo insolente vértice parece retar al caminante a subirlo por este lado. Y a mi esto de los retos, confieso que me va.


Desde arriba se tiene un mejor dominio visual de la vertiente del Filo de los Cuchillos de la parte sur de los Ajaches.


Y ya en el otro lado de la corona del cráter, en la parte más alta de la misma, recorro todo el panorama que queda ante mi vista: la costa hacia el norte, con Puerto Calero y Puerto del Carmen e, incluso, Arrecife. Y debajo de mi, a mis pies, las cuatro casitas de Playa Quemada junto a la Bahía de Ávila.



Y, hacia el sur, el trozo de costa que queda a la vista, entre Playa Quemada y Punta Gorda, con otro tanto en longitud, y que desde aquí no puedo ver, hasta Punta de Papagayo, el punto situado más al sur de todo Lanzarote.


Y a mi espalda, al fondo, mucho más allá de Uga, los volcanes de Timanfaya, impresionantes con su intenso color rojizo que rememora los días en que todas esas colinas estuvieron cubiertas de ardiente lava.


Cuando me dispongo a iniciar el descenso pienso que podría ser instructivo dejar constancia gráfica de porqué esto se llama Montaña BERMEJA. El color se debe a la tierra que lo cubre, pero también a algunas plantar carnosas que hacen donde solo este tipo de plantas pueden hacerlo, aunque apenas si pueden disponer de agua para crecer.
Una de las fotos, la que hago enfocando hacia el Pico Nago, me da la oportunidad de fotografiar los dos barrancos que descienden a ambos lados de la ladera de dicho pico.



También tengo la oportunidad de captar con nitidez una pequeña instalación mitad industrial, mitad ganadera, existente en Playa Quemada, razonablemente alejada de la población, al pie mismo de Montaña Bermeja.


Cuando inicio el regreso lamento para mis adentros el no atreverme a bajar por este lado del volcán. Realmente el desnivel es excesivo dada la situación de mi rodilla y no considero razonable a agravar mi lesión. Por ello vuelvo sobre mis pasos, desandando lo recorrido por la corona del cráter, Pero cuando llego al punto en que comienza la bajada del lado más bajo de la caldera veo que hay unos pequeños hitos que parecen marcar un camino de subida y bajada. Miro y remiro evaluando la posibilidad de bajar sin resbalar y, finalmente, arriesgo y me voy en pos de los hitos.


Los hitos desaparecen o yo, al menos, los pierdo de vista. A ratos aparece un senderillo y, en otros momentos, veo piedras que, hace mucho tiempo, fueron pintadas de blanco. La cosa es que siguiendo unas y otras voy bajando despacio, evitando riesgos inútiles.




Según desciendo tengo la oportunidad de ver la estrechez de la entrada a la caldera de Montaña Bermeja; una caldera que, realidad no existe, pues se trata de una prolongada brecha por la que debe discurrir el agua, cuando llueve, con fuerza.



Cuando, por fin, llego abajo, me dirijo hacia el punto de partida. Me encuentro un camino que baja a Playa Quemada y que crucé antes, pero más arriba. Lo cruzo y sigo, ahora sin sendero alguno, hacia el punto por el que vine. No tiene dificultad alguna pues la visibilidad es perfecta y la distancia mínima, por lo que no cabe posibilidad alguna de pérdida.



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