lunes, 25 de noviembre de 2019

Lanzarote: Montañas del Fuego (Timanfaya)

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Realizada el domingo 17 de noviembre de 2019. Día soleado, pero ventoso.
Toda la ruta se hace, obligatoriamente, en autobús (en “guagua”) cuyo uso está comprendido en el precio de la entrada de acceso al parque (10 euros).
La ruta dura unos 35 minutos y está explicada, durante el trayecto, en español, inglés y alemán.

Al Parque se llega a través de la carretera LZ-67 que une Yaiza con Mancha Blanca. Aproximadamente a mitad de camino entre una población y otra encontraremos la entrada al Parque: a nuestra izquierda si vamos desde Yaiza o a nuestra derecha si lo hemos hecho desde Mancha Blanca.
Es recomendable, en días de diario, ir temprano por la mañana o por la tarde a menos que se quiera hacer cola (a veces interminable) para poder acceder al Parque.
En la misma entrada y sin bajarnos del coche deberemos abonar el importe de la visita: 10 euros por persona o tan solo 2 si eres residente lanzaroteño.
Nada más pasar el acceso vamos a ver a lo lejos a nuestra derecha La Montaña del Maso, también llamada Caldera Roja. Y mucho más cerca, poco más allá de la carretera por la que discurrimos, pequeñas bocas eruptivas que apenas si alcanzan, en el mejor de los casos, los dos metros de altura.

Justo frente a nosotros, donde la carretera hace una curva a la derecha, la Caldera de la Boca del Infierno, con un intenso color rojizo que nos hace ya intuir lo que vamos a ver más adelante.

Más adelante, y también a nuestra derecha, la Montaña del Chinero, detrás de la que se esconden a la vista del visitante diversos servicios del Parque, como cocheras y establos.

A continuación, y a nuestra izquierda, podemos ver más cerca la Montaña del Pajarito y más allá, con un cráter que denota la violencia de su erupción, la Montaña del Balcón. De las dos fotos que aporto, la primera es la vista desde la carretera de acceso al Islote de Hilario y la segunda es justo desde el otro lado.


Un poco más adelante veremos que la carretera se bifurca. Hemos de seguir por la derecha, pues es por la izquierda por donde salen los vehículos que ya regresan a la salida del Parque.
En medio de ambas carreteras queda la Montaña del Balcón que ahora vamos a poder contemplar más de cerca y cuyas vistas también podremos disfrutar después desde más arriba.
Este último tramo de subida, justo cuando estamos a punto de llegar al Islote de Hilario, se denomina La Garganta del Cuervo. La carretera pasa entre la Montaña del Balcón, a nuestra izquierda, y Las Clacas, que quedan a nuestra derecha, que podremos fotografiar con más detenimiento desde arriba.

Y llegamos al punto donde está el aparcamiento, los géiseres, la tienda, servicios y el restaurante El Diablo, al que me referiré al final.
Desde esta ubicación se tiene una vista realmente espectacular de Montaña Rajada (al fondo a la derecha) y las cuatro Calderas Quemadas (la de Abajo, la del Mirador, la del Nido de Aguirre y la de Arriba).


Las Montañas del Fuego forman parte de un conjunto de 25 volcanes que se ubican en el Parque Nacional de Timanfaya. Este paisaje volcánico se produjo por las erupciones que acontecieron en Lanzarote entre 1730 y 1736, y posteriormente en 1824, ocupando un perímetro total de 174 km2 de los cuales 51,02 km conforman el área protegida. Esta erupción ha sido considerada la más importante de la historia del vulcanismo mundial, no sólo por su duración sino por la gran cantidad de lavas emitidas.
En la actualidad sigue la actividad volcánica con zonas de calor en la superficie de entre 120 y 600 grados centígrados.
El Parque Nacional de Timanfaya fue declarado como tal el 9 de agosto de 1974 y desde 1994 es también Zona de Especial Protección Para las Aves (ZEPA). Además, comparte con el resto de la isla la calificación de Reserva de la Biosfera otorgada en 1993 y el título de Geoparque Mundial Unesco de Lanzarote y Archipiélago Chinijo.
Con el autobús vamos a recorrer la llamada “Ruta de los Volcanes” realizada por Jesús Soto bajo la dirección de César Manrique en 1968, un tramo de unos 14 kilómetros que fue acondicionado para la visita. El trazado de la carretera, perfectamente mimetizada con el entorno, se desarrolla a lo largo del núcleo principal de las erupciones, donde se localiza una concentración de elementos de interés geológico y geomorfológico como hornitos, cuevas y malpaíses.
Los asientos del autobús para hacer la ruta se ocupan por orden de llegada y a elección del que va subiendo que puede escoger cualquiera de los sitios libres.

La ruta comienza y acaba en el mismo sitio y se inicia dejando a la derecha la Montaña del Balcón y pasando por la Garganta del Cuervo.

En cuanto dejamos atrás la primera curva lo primero que llama nuestra atención es la impresionante imagen de Montaña Rajada, uno de los edificios volcánicos de mayor envergadura de todo Timanfaya. Cuenta en su interior con varios cráteres, el principal de los cuales tiene, a su vez, dentro de él un gran mar de lava sobre el que se apoya otro cono volcánico. Es precioso, magnífico e impresionante.

En nuestro alrededor más inmediato vemos el mar de lavas y no podemos dejar de imaginar toda esta extensión líquida, incandescente, desplazándose lentamente a enorme temperatura.


Enseguida tras una curva, aparecen ante nosotros Las Clacas, Bocas eruptivas de pequeña altura que también nos dan una idea de lo que debió ser esto en aquellos momentos.

Tras una fuerte curva a la izquierda, queda ante la vista la masa magmática solidificada con una forma curiosa que ha hecho que se le conozca como El Manto de la Virgen.


Durante 1,7 kms. vamos a desplazarnos por en medio de un mar de lavas que parece no tener más límite, por nuestra derecha, que el que en su día puso el mar ya que las mismas terminan donde las aguas rompen contra la costa mientras que por nuestra izquierda las vistas se extienden por el mar de lavas que descendió desde las cuatro Calderas, que es donde termina la vista. De frente, durante todo este tramo del trayecto, Montaña Rajada.

Cuando casi hemos llegado al pie de Montaña Rajada podemos ver, a nuestra derecha y en la distancia, Montaña Encantada (izquierda) y la Montaña de Pedro Perico (derecha), ambas dentro de los límites del Parque y que no pueden ser visitadas.


Todo alrededor de Montaña Rajada está cubierto de un fino lapilli de color rojizo que desde el autobús parece arena pero cuyos granos son bastante más gruesos.

Y cuando la sobrepasamos, queda a nuestra vista una pequeña elevación, la Montañeta de Montaña Rajada que, a pesar de su nombre que haría suponer que se trata de una pequeña elevación, tiene 293 metros de altura, más que las dos Calderas Quemadas que hay a continuación. Cuenta, además, con cuatro bocas eruptivas en su cima.

Al llegar al pie de la Caldera Quemada de Abajo nada podemos ver de su interior, aunque nos llama la atención una formación rocosa producida por la acumulación de lavas sólidas.

Mientras bordeamos esta Caldera, podemos ver a nuestra izquierda escorrentías de lava solidificada mientras que a nuestra derecha, en primer término Montaña Termesana, que tuve la oportunidad de visitar acompañado por un guía del Parque previa solicitud y, mucho más allá, la Montaña de Dos Picos y entre medio de ambas, Pico Redondo. También he tenido la oportunidad de conocer estos dos en otra de mis rutas lanzaroteñas.


Conforme avanza el autobús va quedando delante de nosotros el cráter de la Caldera Quemada del Nido de Aguirre, cuyo interior no podremos ver.

El recorrido del autobús sube hasta meterse entre la Caldera citada y la Caldera del Mirador cuyo cráter está totalmente abierto a la carretera, donde el autobús se detiene un par de minutos para que los visitantes puedan asombrarse de su interior e imaginar lo que debió ser aquello cuando estaba activo.

La carretera hace una curva de casi 180 grados para poder regresar. Al girar nos deja con una vista muy nítida y un poco más cerca del cono volcánico de la Caldera Quemada del Nido de Aguirre, cuya superficie un fuerte color amarillento y buena parte del borde de su cráter parecen troncos de madera quemados, algunos de ellos incandescentes.

La salida de entre los dos volcanes es una cuesta abajo entre dos paredes de lava negra. Nada más pasarla queda una preciosa vista ante nuestros ojos, un verdadero espectáculo. Podremos ver, de izquierda a derecha, Montaña Rajada, Montaña Termesana, La Montaña de la Vieja Gabriela, Pico Redondo, La Montaña de Dos Picos, La Montaña de la Mancha y mucho más lejos, muy a la izquierda de la fotografía, La Montaña de Enmedio y La Montaña de la Cinta.


La Caldera Quemada del Nido de Aguirre muestra, desde esta perspectiva toda su corona reventada por las explosiones de la erupción, lo que nos permite imaginar la violencia de las mismas.

Y enseguida llegamos a uno de los parajes más bonitos de toda esta ruta: El Valle de la Tranquilidad. No lo se con exactitud, pero supongo que el nombre se le puso en alusión del Mar de la Tranquilidad que hay en la Luna, que fue el sitio donde alunizó el Apolo 11 el día que el hombre puso el pie en la Luna por primera vez.
El nombre le va como anillo al dedo ya que se trata de una amplia extensión de terreno desprovisto de lavas eruptivas y, por tanto, de la imagen de violencia. Todo el terreno está cubierto de cenizas volcánicas que dan la sensación de ser arenas. La vista es preciosa.





Tras salir del Valle, la carretea serpentea sobre el Lomo del Azufre dejándonos ver por la derecha la carretera que viene de Yaiza, el echadero de camellos y toda la línea de volcanes antiguos que van alineados desde Femés hasta San Bartolomé.

Y justo al otro lado de la carretera, muy cerca de la entrada del Parque, uno de los volcanes que me hubiera encantado poder visitar por dentro pero que es imposible, por estar terminantemente prohibido, ya que está dentro del Parque: la Caldera del Corazoncillo. Sin embargo, buena parte de su interior sí he podido contemplarlo desde uno de los extremos de la Montaña de los Miraderos, que está detrás y fuera del Parque.


Ahora van a quedar a nuestra izquierda Las Montañas del Fuego, uno de cuyos cráteres, probablemente el más espectacular, quedará completamente a nuestra vista.

Tras pasar una curva a la izquierda muy cerrada quedará delante de nosotros la caldera de La Montaña del Pajarito y a la izquierda de la misma podremos ver el Islote de Hilario, pudiendo apreciar la estructura del conjunto.



Y un poco más adelante, a poco ya de terminar la ruta, quedarán ante nuestra vista Montaña Rajada y las cuatro Calderas que recorrimos al principio e, igualmente, podremos ver el restaurante El Diablo a nuestra derecha justo antes de dar por finalizado el recorrido.


El lugar donde se asienta el restaurante se le denomina “El Islote de Hilario”. Es así porque el restaurante El Diablo fue creado sobre el Islote Hilario, nombrado así en honor a un personaje de leyenda lanzaroteño que después de la guerra de Filipinas (1896-1898) vivió aquí como un eremita. Se dice que habitaba con la sola compañía de su camella. Hilario plantó una higuera que, aunque echó raíces jamás dio fruto alguno, pues como cuenta la leyenda, "la flor no podía alimentarse de la llama".
Aunque la elevación donde se ubica la parte más alta del Islote parezca natural, en realidad no lo es. Cuando se construyó todo el conjunto la temperatura del terreno en superficie eran tan elevada que resultaba imposible poder construir unas instalaciones permanentes que ofrecieran un mínimo de confort. Por ello hubo que acumular tierra y elevar el suelo unos cinco metros sobre la cota original.
En los alrededores del restaurante, empleados del Parque ofrecen a los visitantes dos espectáculos relacionados con las altas temperaturas bajo la superficie. Por un lado la quema de la aulaga, pequeño arbusto espinoso de la isla. Así podremos observar como introducen ramas del arbusto en un gran agujero que hay en el suelo y, a los pocos segundos los arbustos arden espontáneamente por la altas temperaturas que sube de las profundidades.

El otro espectáculo que podemos observar allí mismo son los géiseres. En realidad no son tales, pues se trata de tubos de hierro que se encuentran enterrados verticalmente a una profundidad considerada. La condición transmisora del metal contribuye a que estos se calienten tanto que, al introducir agua en ellos, el contraste de temperaturas hace que rápidamente sea escupida de nuevo en columnas de vapor y ¡a gran velocidad!
Entre cada vertido de agua que hace en un tubo y el siguiente deben esperar un tiempo que tienen muy estudiado ya que un continuado y excesivo uso puede hacer que se enfríen, pero en pocos minutos recobran de nuevo altas temperaturas.
Para que nos hagamos una idea de la temperatura que hay en el subsuelo, baste decir que a tan sólo 3 metros de profundidad ya no podríamos tocar las cenizas volcánicas (picón) con las manos, pues la temperatura puede alcanzar los 435ºC. Y es que el volcán no está tan dormido como parece.

El sondeo más grande realizado en el Islote de Hilario se encuentra al inicio de la Ruta de Los Volcanes y no es utilizado/a para generación de géiseres. Se trata de un tubo sumergido a 13 metros. Allí se han instalado dos termómetros fijos que registran las temperaturas a tiempo real, llegando a los 610ºC. Los datos son revisados periódicamente por el personal del O.A.P.N. (Organismo Autónomo de Parques Nacionales) y el M.N.C.N. (Museo Nacional de Ciencias Naturales), centro dependiente, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Cabe preguntarse qué sucedería si se agujerease Timanfaya en cualquier lado. ¿Se obtendrían los mismos resultados?
Los expertos hablan de “anomalías geotérmicas” y aunque aún no se entiende bien su importancia, debemos saber que son la explicación a las irregulares temperaturas existentes en Timanfaya, hecho que aclararía que no se obtengan similares resultados por todo el parque. Nos referimos a algunas zonas superficiales donde se registran temperaturas por encima de los 100ºC, es decir, por encima de lo normal. Generalmente se concentran en los bordes de los cráteres volcánicos pero, existen 3 áreas muy concretas donde estos fenómenos se manifiestan: el Islote de Hilario, la Casa de los Camelleros y el fondo del cráter de Timanfaya.
Si asciende un poco más, hallará un pequeño horno natural el cual ha sido utilizado tradicionalmente como barbacoa, aunque, el verdadero protagonista es el gran horno situado junto al restaurante.
Si accedemos a las instalaciones del restaurante El Diablo (construido en 1970), lo primero que veremos será el horno natural, una peculiaridad que no tiene ningún otro establecimiento de la isla: la cocina al calor del volcán, donde se cocinan muchos de los platos que se sirven en las mesas.
El horno es, en realidad, un “pozo” de unos 5 m de profundidad y 0.9 m de diámetro sobre el que hay una parrilla en la que el cocinero coloca y controla minuciosamente la preparación de los alimentos.

A pesar de parecer haber sido excavado en el suelo, este “hoyo” es el resultado de los trabajos que en torno al mismo se sucedieron. El fondo de este “horno” se encuentra prácticamente en la superficie del terreno original, pues en realidad son sus laterales los que ganaron altura con las obras, como consecuencia de las capas que se fueron añadiendo sobre el islote con el fin de aislar el edificio del intenso calor.
Las temperaturas que se registran aquí son muy variables. Así tenemos que mientras en algunos puntos del fondo se registran temperaturas de 80ºC, en la boca alcanzan los 200ºC. Las temperaturas más altas provienen de algunas aperturas laterales que superan los 250ºC.



Y estas emanaciones, ¿son tóxicas para los alimentos? La roca de origen magmático se calienta debido al calor residual del subsuelo, que mantiene dicha temperatura por un débil flujo térmico hacia la superficie. Tales manifestaciones no van acompañadas de gases fumarólicos, caso totalmente singular de la roca caliente seca motivo por el que no hay ni el más mínimo rastro de toxicidad.
¿Cómo se limpia este “horno”? El uso continuado de este horno hace que se acumulen restos de comida o grasa en el interior del mismo. Al prenderse fuego, estos restos se calcinan y dejan el espacio nuevamente limpio.
El restaurante fue diseñado por el artista lanzaroteño César Manrique. Realizado en 1970, antes de la declaración proteccionista del parque. Tiene planta circular y los muros cortina que rodean la sala cumplen la función de mirador.
La base circular del edificio ha dado lugar a muchas interpretaciones, aunque nos recuerda a la ingeniería agrícola de la isla, los muros o “socos” de piedra que caracterizan el paisaje de La Geria y que protegen del viento a las parras que contiene.
En el “expositor” acristalado que hay en el centro del restaurante aparecen unos huesos de camello junto al tronco seco de una higuera. Se trata de un homenaje simbólico a la leyenda de Hilario. César Manrique nos quiso deleitar y hacer reflexionar sobre este aparente “jardín sin vida” sobre las cenizas del volcán. El crítico de arte Lázaro Santana, en su libro Timanfaya, hace una comparativa con los famosos “jardines muertos” japoneses, los cuales eran destinados para el retiro y la meditación. Este mismo autor interpreta el cristal que rodea la obra como la fina línea que separa la vida de la muerte, donde el paisaje que se aprecia tras los cristales forma parte de las intenciones del artista.

Ya solo nos queda haber hecho muchas fotografías para que nos sirvan de recuerdo de una de las rutas más bonitas e increíbles que podamos haber hecho nunca.


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